LA RAZA INMORTAL

 

Comandante Enrique Jiménez Moya

SÁBADO, 13 DE JUNIO, 2026.-- Se cumplen 67 años de una gesta liderada por hombres que se atrevieron a combatir con las armas, pero sobre todo con altos ideales, coraje y valor, a la tiranía que azotó al pueblo dominicano durante más de treinta años y que sembraron con su sangre y con su vida la semilla de la libertad de la patria.

Fue el 14 de junio de 1959 cuando un grupo de expedicionarios, liderados por el comandante Enrique Jiménez Moya, llegó a Constanza en un avión procedente de Cuba para luchar contra el gobierno dictatorial del sátrapa que se había apoderado del país desde 1930. Otros dos grupos intentaron arribar por mar a Maimón y Estero Hondo

Si bien aquella expedición fue militarmente derrotada, marcó el principio del fin de la sangrienta y opresiva dictadura.

Esta fecha no debiera pasar como una jornada cualquiera, llena de frases altisonantes y escritos en periódicos, sino como una forma de traer al presente el heroísmo y compromiso de aquellos que no se resignaron a vivir en el miedo y se atrevieron a luchar por sus ideales de libertad.

Y debiera ser una obligación para los que conocen la historia de este pueblo educar a las generaciones jóvenes en el conocimiento de la trayectoria de este país, en el que muchos sectores interesados pretenden instalar el olvido para quitarle al país su identidad, su memoria de luchas y de resistencia.

Lo que debemos valorar desde el presente, además de recordar con emoción y con orgullo el coraje de los expedicionarios de junio de 1959, es que el estado de Derecho, la libertad de opinión, los beneficios de la democracia de los que el país puede disfrutar hoy día, se construyeron precisamente con el valor de aquellos hombres que ofrendaron su vida por la liberación del pueblo oprimido.

La gloria sea con aquellos integrantes de la expedición del 14 de junio, con esa raza inmortal que sacrificó a los mejores hijos para que el pueblo dominicano nunca más vuelva a verse sometido a los delirios de ningún sátrapa, ni jamás sucumba a los cantos de sirena de ningún tirano.

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