Ubi Rivas califica a Plinio como "el último guerrillero" y pronostica que su apresamiento era el fin de la lucha armada en el país

Plinio Matos Moquete cuando fue arrestado
Manuel Matos Moquete / Facebook
Por Ubi Rivas
Última Hora,
6 de noviembre de 1973
Ven gobierno logra triunfo al detener a Plinio Matos sin derramamiento de sangre
LUNES, 01 DE JUNIO, 2026.-- La captura en una operación de comando por efectivos militares del dirigente izquierdista doctor Plinio Matos Moquete, máximo dirigente de la facción denominada Movimiento Liberador 12 de enero, indica que no es preciso ejercer violencia ni derramar sangre, cuando así se dispone.
La rapidez y el sigilo con que actuaron los militares que logran apresar al doctor Matos Moquete en el apartamento de un edificio de la calle El Conde a esquina Santomé, en el corazón de la cuidad capital, contrasta con hechos anteriores respecto a dirigentes izquierdistas, los cuales fueron ultimados a tiros, algunos, inclusive, a mansalva, como fueron los casos de Otto Morales, Homero Hernández Vargas y el ingenio Amín Abel Hasbún.
Esta acción militar fue comparable a la realizada por una patrulla que estratégicamente orientó el entonces comandante de la primera Brigada del Ejército Nacional, general Neit Rafael Nival Seijas, cuando fue secuestrado un hijo del contratista Roberto Pratts.
La acción del dos de noviembre que apresó al doctor Matos Moquete en el closet de un apartamento, también se le atribuye al hoy mayor general Nivar Seijas, debido a que los participantes son todos personas que trabajan íntimamente ligadas al secretario de la presidencia de la república.
La infidencia que delató al doctor Matos Moquete es algo que aún no se ha esclarecido. Se atribuye a un transeúnte que se percató de la presencia del inquieto y zorruno dirigente izquierdista, y enseguida avisó a los organismos correspondientes. Empero, es una frágil versión, debido a que, como se apuntó, quienes actuaron fueron células militares integradas de un solo equipo de trabajo.
Algo que dejó perplejo a todos, empero, fue la actitud pasiva y dócil del doctor Matos Moquete, considerando la agresividad que se le acreditaba, hasta el punto de esparcir al dominio público sucesos del 12 de enero de 1972, en que cinco integrantes del grupo político belicista Los Palmeros, cayeron abatidos librando una fiera batalla campal contra unos tres mil efectivos combinados de los institutos castrenses del país, en el kilometro 14 de la autopista Las Américas.
Los palmeros constituyen un grupo de células izquierdistas que militarmente se han entrenado en Cuba y Vietnam del Norte, en cuyo último país se foguearon en la guerra de guerrillas, cerrando filas con las fuerzas militares comandadas por el bizarro estratega general Vonguyen Giap, ministro de defensa y jefe del ejército de Vietnam del norte.
Giap fue el estratega que planeó el asalto a la fortaleza francesa en Dien Bien Fú, que culminó con el colonialismo de Francia en la península de Indochina, en mayo 8-1954.
El jefe supremo de Los Palmeros resultó ser el comandante Román, que fue el coronel Francisco Alberto Caamaño, muerto por las tropas del Ejército Nacional, en el lugar denominado Nizaíto, en la cordillera central luego de haber desembarcado por playa Caracoles, en febrero 3, junto con otros seis compañeros.
Percibiéndose la certeza de que le dirigente izquierdista Enrique Figuereo (Enriquito), lugarteniente principal del doctor Matos Moquete fue eliminado en alguna forma, y apresado éste, y con el rosario de caídas alevosas de los principales cabecillas sustentadores de las tesis políticas del foquismo, la facción que integra esta orientación en la lucha política, se encuentra desarticulada y prácticamente diezmada.
Carentes de líderes de envergadura y acosados e infiltrados por los servicios de espionaje del estado, los beligerantes integrantes de la tesis de la lucha armada para conquistar el poder político, se encuentran a la defensiva, desperdigados y sin otro menester más imperioso de que ocuparse que el de guarecerse de los agentes de seguridad que andan tras sus pasos veinticuatro horas del día.
Las bajas y los fracasos continuos y severos que han sufrido en los últimos años, cuando menos deben, en esos momentos, obligarlos a un reflexionamiento detenido y profundo, en cuanto a los descalabros sufridos, las experiencias asimiladas y el consiguiente replanteo y modificación en las actitudes a seguir.
Entretanto, la suerte seguida a Enrique Figuereo y la vecindad de una contienda electoral, constituyen signos y coyunturas favorables en la vida de doctor Matos Moquete.
No es posible que se “fugue” como aconteció con Figuereo, ni que en manera alguna se “dañe”, como reza en el argot militar cuando un preso muere en circunstancias no esclarecidas.
Por consiguiente, el hada madrina de la suerte parece que no ha abandonado del todo al temerario y osado luchador izquierdista, que guarda prisión en el palacio de la Policía Nacional.
La deportación parece indicar la mejor solución del Gobierno Institucional en el caso del doctor Matos Moquete, considerando la inconveniencia de escenificar un juicio largo en los tribunales de justicia, propiciador de tantas noticias y comentarios, cuantas veces acudiere a éstos, en una época en que la presente administración se encuentra imbuida en los afanes de continuación del control político.
Los reiterados fracasos plenos de los auspiciadores de la lucha armada para conquistar el poder político en el país, con un historial negativo desde que Juan Isidro Jimenes comandara la expedición en el buque Fanita contra el tirano Ulises Heureaux, pasando por Luperón, Constanza, Estero Hondo, Maimón y Playa Caracoles, hacen concluir con el razonamiento de que este método de lucha es obsoleto e imposible de practicarse con el menor remoto éxito en el país.
El apresamiento del doctor Matos Moquete, en consecuencia, podría definir la determinación de que realmente este recurso está finiquitado como expediente político y que, ciertamente, el dirigente izquierdista comandante del Movimiento Liberador 12 de enero pudiera constituirse en lo que bien pudiera llamarse el último guerrillero o en el decir de Femminore Cooper, El Ultimo de los Mohicanos.
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