TU BENDITA MADRE

 

Por Jenny Matos

JUEVES, 28 DE MAYO, 2026.-- En un país donde “mentar la madre” se ha vuelto una práctica común, decirle a otro: “tu maldita madre” puede ir desde un simple relajo hasta un insulto que provoca violencia. Sí, ya “mentar la mai” se ha normalizado en algunas familias de República Dominicana, a tal grado que incluso entre hermanos, hijos de la misma madre, se utilizan estas expresiones sin medir su peso. Sin embargo, la Palabra es clara: “Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa.” (Proverbios 20:20)

Maldecir al padre o a la madre es como un viento poderoso que apaga la luz de la esperanza. La Biblia advierte sobre la gravedad de esta acción, pues no solo es una falta de respeto, sino también una manifestación de dureza en el corazón. No obstante, maldecir la madre del otro tampoco es un asunto menor. Quien lo hace con intención, busca herir profundamente, tocar una fibra sensible, provocar dolor.

Aunque muchos lo consideren una broma o una forma de confianza, no debería ser algo normalizado. Esta práctica ha provocado conflictos que han escalado hasta consecuencias lamentables, donde la “lámpara de la vida” de más de uno se ha apagado por palabras dichas sin control. Mentar la madre es una desconsideración descomunal. Por eso, en este mes de las madres, en lugar de usar su figura como arma de ataque, deberíamos exaltarla como símbolo de amor, sacrificio y bendición. Decir “tu bendita madre” debería ser el saludo más cortés, un deseo sincero de bienaventuranza, paz y honra.

Recordemos el ejemplo de Jesús. Aun en el momento de su muerte, mostró amor y cuidado por su madre. En la cruz, al ver a María y al discípulo amado, dijo:

“Mujer, he ahí tu hijo”; luego dijo al discípulo: “He ahí tu madre.”

Con estas palabras, Jesús no solo honró a su madre, sino que también nos enseñó el valor del respeto, la responsabilidad y el amor hacia ella.

Que nuestras palabras edifiquen y no destruyan. Que nuestra cultura evolucione hacia el respeto, y que cada vez que pensemos en mencionar a la madre de alguien, lo hagamos para bendecir y no para maldecir. Porque al final, toda madre merece ser llamada: bendita. Como le dijo el ángel Gabriel, cuando visitó a María, para informarle que estaba en cinta. Una vez más: “Tu bendita madre”.

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