A 65 años de la muerte de Trujillo

Este sábado se cumplen 65 años de ajusticiamiento del tirano que gobernó por 30 años los destinos nacionales desde 1930 al 1961, muerte que le abrió la puerta de la democracia a República Dominicana..

SÁBADO, 30 DE MAYO, 2026.-- El martes 30 de mayo de 1961 transcurría bajo una aparente normalidad en la República Dominicana. Sin embargo, un plan oculto (que el servicio de inteligencia no logró descifrar) consiguió su objetivo: cambiar el destino político y democrático del país.

Pasadas las 10:00 de la noche de ese día, hace este sábado 65 años, seis disparos cercenaron 30 años de férrea dictadura y vejámenes.  

Como era su costumbre, el dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien gobernó el país por tres décadas, se levantó a las 5:00 de la madrugada para realizar su rutina diaria.

Revisó los informes de inteligencia en su residencia oficial, conocida como la Estancia Radhamés espacio ocupado hoy por la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte. Posteriormente, se dirigió al Palacio Nacional.

El generalísimo comenzó a despachar los asuntos de Estado pasadas las 9:00 de la mañana. Inicialmente recibió a Virgilio Álvarez Pina, mejor conocido como “Don Cucho”, una persona muy cercana que, a su vez, había ocupado cargos importantes en el Gobierno.

A eso de las 10:00 de la mañana, Trujillo, acompañado del entonces jefe de la Policía, el coronel Marcos Jorge Moreno, partió hacia la Base Aérea de San Isidro, otrora Aviación. Concluida su visita, el “Benefactor de la Patria Nueva” regresó al Palacio Nacional, donde cerca del mediodía almorzó con un reducido grupo de personas, incluyendo a un amigo estadounidense.

Allí, uno de los presentes se enteró de que esa noche el dictador viajaría a San Cristóbal, a unos 22 kilómetros de Santo Domingo. Se trataba del conspirador encubierto Miguel Ángel Báez Díaz, empleado público y político.

Alrededor de las 2:00 de la tarde, Trujillo se trasladó a otra de sus propiedades: la Estancia Ramfis, lugar que actualmente ocupa el Ministerio de Relaciones Exteriores, Distrito Nacional.

A las 5:00 de la tarde, retornó al Palacio Nacional, donde se reunió con el presidente interino, Joaquín Balaguer. También se comunicó con su colaborador Álvarez Pina, quien quedó enterado de que el mandatario se trasladaría por la noche hacia la Hacienda Fundación, en San Cristóbal.

El régimen del dictador, en esos momentos, se estaba tambaleando. Casi un año antes se había producido el asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa). Además, el gobierno estaba acorralado por organismos internacionales, no solo por esa acción, sino también por el atentado contra el entonces presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt.

Pasadas las 5:00 de la tarde, Báez Díaz llamó por teléfono a Antonio de la Maza, uno de los principales conspiradores, para informarle sobre el viaje del tirano. De inmediato, los conjurados se vieron obligados a acelerar y montar su plan de asesinato.

Inocente de la conjura, Trujillo siguió agotando su agenda normal. A las 5:30 de la tarde, se trasladó hacia la avenida George Washington para realizar su caminata habitual por el Malecón de Santo Domingo, escoltado a pie por un reducido grupo de civiles y militares de su extrema confianza. De allí, decidió regresar a la Base Aérea de San Isidro, acompañado por el secretario de las Fuerzas Armadas, José René Román (conocido como “Pupo Román”), y el coronel Jorge Moreno.

A las 7:00 de la noche, visitó a su madre, Julia Molina, en su residencia de la avenida Máximo Gómez con México, donde hoy funciona la Universidad APEC.

De regreso, volvió a su casa, la Estancia Radhamés. Tras realizar estas breves visitas familiares y reunirse con su hija Angelita, que era su vecina, notificó a su chofer, Zacarías de la Cruz, que preparara el viaje a San Cristóbal.

Escena  tras  la muerte de  Trujillo.

Opinión A 65 años del ajusticiamiento de Trujillo: reflexiones sobre la democracia en República Dominicana

El Nacional

Durante todo el día había estado vestido de civil, pero ya en la noche se puso su traje militar verde olivo, vestimenta que usaba siempre que viajaba a su ciudad natal.

Cerca de las 10:00 de la noche, Trujillo subió a su automóvil Chevrolet azul celeste, abordando el vehículo únicamente en compañía de su chofer de confianza, el capitán Zacarías de la Cruz.

La calma de la noche se interrumpió de forma abrupta en el kilómetro 9 de la carretera, actualmente Autopista 30 de Mayo. El vehículo del tirano fue interceptado y atacado por el primer coche de los conjurados.

Este automóvil, un Chevrolet negro, estaba estacionado en las proximidades del Teatro Agua y Luz y en él se encontraban Antonio Imbert Barrera, conductor, Antonio de la Maza, en el asiento delantero derecho, Salvador Estrella Sadhalá y el teniente Amado García Guerrero, ambos en la parte trasera).

Imbert inició la persecución en cuanto el vehículo del dictador pasó frente a ellos.

Para el ajusticiamiento, De la Maza se hizo acompañar de Imbert Barrera (41 años), Estrella Sadhalá (42 años), García Guerrero (30 años), Huáscar Tejeda (35 años), Pedro Livio Cedeño (50 años) y Roberto Pastoriza (35 años).

Los demás estrategas esperaban estratégicamente: en un segundo carro, marca Oldsmobile color negro, estacionado a 4 kilómetros de la Feria Ganadera, se encontraban Tejeda y Cedeño. Por su parte, en un Mercury, Pastoriza aguardaba en el kilómetro 9 de dicha autopista.

A las 10:00 de la noche, un disparo de Antoni De la Maza impactó el cuerpo del llamado Benefactor de la Patria. Tras el ataque, Zacarías frenó bruscamente, provocando que el automóvil manejado por Imbert lo rebasara velozmente. Imbert tuvo que girar en “U” para situarse a unos 15 metros del carro del dictador.

El ataque desencadenó un feroz e intenso intercambio de disparos en medio del asfalto que se prolongó por espacio de unos quince minutos. El capitán Zacarías de la Cruz intentó repeler la agresión mientras el vehículo de Trujillo era impactado por múltiples ráfagas de armas de fuego provenientes de los distintos flancos.

Imbert y De la Maza pidieron a Sadhalá y García Guerrero que los cubrieran, ya que se iban a acercar al carro de Trujillo para terminar rápidamente el enfrentamiento.

Antonio Imbert Barrera relató a este diario en 2008: “Cuando vi al tirano tambaleante, dije: ‘Se va a escapar’. De la Maza gritó: ‘¡Tocayo, ahí va!’. Yo disparé”, dándole el “tiro de gracia”.

Algunos de los conjurados salieron heridos, pero a las 10:10 de la noche, clamaron: “Murió El Chivo”, el hombro que con mano dura gobernó el país desde el 1930 al 1961. 

No hay comentarios.

Con tecnología de Blogger.