Un abril que vino para quedarse
FOTO: FUENTE EXTERNA
César Nicolás Penson Paulus
MARTES, 28 ABRIL, 2026.--El pasado viernes 24 de abril, se cumplieron 61 años de la complicada serie de eventos que delinean la Revolución de Abril y que transformaron el país, su sociedad y medularmente su ambiente político. La mayoría de los eventos se desarrollaron en la capital, aunque sus influencias y efectos se reflejaron en todo el país. No es simplemente una fecha: es una advertencia, porque el aguante de los pueblos no se calcula con estadísticas, en aire acondicionado. Puede hablarse de la Rep. Dominicana de antes y después de abril del ’65. Cerca del 75% de la población dominicana actual, nació después del convulso año de la Revolución y si sumamos los que, naciendo antes, eran unos niños, concluimos que una gran mayoría de los dominicanos de hoy conocen sólo por referencias mal contadas, lo que convulsionó en ese tiempo.
Teníamos la resaca de la dictadura de Trujillo, que aplastó a la población bajo un régimen despótico carente de libertades y la población presionada por los mismos guardias de siempre, los abusos policiales, una rampante corruptela oficial y el Golpe de Estado del ’63, con su Constitución liberal y un Juan Bosch que le dio respiro y esperanzas a la gente. Entre la épica y la costumbre este levantamiento del pueblo sigue explicando porque el criollo se enciende tan rápido…como rebelde en ráfagas y porque no terminamos lo que iniciamos. La ciencia no escrita del criollo es el aguante. Apagones, tapones, abusos, promesas recicladas hasta que un día cualquiera se te atraviesa un cable invisible y explota. Lo de abril del 65 no fue un asunto de arranque romántico, ni de libreto ensayado. Fue acumulación y cuando el criollo explota no hay quien lo siente…. Pero no sabe sostenerse de pie… y lograr transformaciones. No es raro hacer un análisis con una fría en la mano: “eta vaina no puede seguí así…” La Calle se volvió Congreso, el barrio comando y la conversación consigna y todo a lo dominicano, improvisado, pero con decisión férrea, sin saber de geopolítica, pero “hartos” de aguantar. Tiempos de fervor patriótico, con el pecho lleno de sentimientos profundos de sacrificios por un país imaginado con justicia social y equidades. Los gringos mancillaron el suelo patrio con su segunda ocupación en el mismo siglo, aunque por razones muy distintas. Nos aplastaron con su poderío y justificaron sacar 42,000 marines del territorio americano y poder enviarlos al frente en Vietnam, burlando sus propias leyes. El criollo de la calle creía que los americanos habían venido a “organizar”, por remembranzas que le habían llegado por tradición, en su intervención del 1916 al 24. A Caamaño lo volvieron símbolo, lo pusimos adonde van los imprescindibles: en estatuas, en la memoria, en el nombre de una calle, en los discursos y las ofrendas.
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