Indisciplina y abandono institucional: la escuela dominicana al borde del caos

 Recibido de: Felix Betances Acosta <fbetancesacosta@gmail.com>

Por Félix Betances

EN BARAHONA, miér., 15 abril, 2026.-- La educación dominicana atraviesa una crisis silenciosa pero devastadora: la pérdida progresiva de la autoridad docente dentro de las aulas. El reciente informe preliminar del Primer Congreso Pedagógico Nacional, elaborado por la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) a partir de más de 82 mil respuestas, no deja lugar a dudas: el clima escolar se ha deteriorado hasta niveles alarmantes, marcado por la violencia, el acoso y una indisciplina que desborda cualquier intento de control.

No se trata de incidentes aislados ni de percepciones exageradas del magisterio. Es un problema estructural que revela un sistema educativo debilitado, donde el docente ha sido despojado, de manera progresiva, de herramientas fundamentales para ejercer su rol. En nombre de reformas mal concebidas o de una interpretación errónea de los derechos estudiantiles, se ha erosionado la autoridad en el aula, generando un vacío que hoy se traduce en desorden y fracaso pedagógico.

El resultado es predecible: un ambiente donde enseñar se convierte en una tarea casi imposible. Las metodologías activas, la innovación pedagógica y el aprendizaje significativo quedan relegados ante la urgencia de imponer un mínimo de orden. Sin disciplina, no hay educación posible. Pretender lo contrario es ignorar la realidad que viven miles de docentes cada día.

A esto se suma la falta de respaldo institucional. Los maestros no solo enfrentan aulas sobrepobladas y carentes de recursos, sino que también operan bajo normativas que limitan su capacidad de intervención. Se les

exige resultados, pero se les niegan las herramientas. Se les responsabiliza del aprendizaje, pero se les abandona frente al conflicto.

También hay que agregar, la falta de una formación básica y disciplinada, con la que asiste a las aulas, un alto porcentaje de niños, que en muchos de los casos, llegan con esas falencias desde hogares colapsados o en en descomposición, cosa que generalmente, pone en “jaque” al maestro.

Este escenario es insostenible. Si no se actúa con urgencia, las consecuencias serán aún más graves: generaciones enteras con déficits formativos, docentes desmotivados y un sistema educativo cada vez más disfuncional.

¿Qué se debe hacer para restablecer el control?

Primero, es imprescindible revisar y reformar el marco normativo que regula la disciplina escolar. La autoridad docente debe ser restituida con claridad, estableciendo protocolos firmes pero justos que permitan manejar la conducta estudiantil sin ambigüedades.

Segundo, se requiere un respaldo institucional real y visible. Esto implica desde equipos de orientación y psicología escolar funcionales hasta el acompañamiento efectivo de las autoridades educativas en casos de conflicto.

Tercero, es urgente invertir en la formación docente en gestión de aula y resolución de conflictos. No basta con señalar el problema; hay que dotar a los maestros de competencias prácticas para enfrentarlo.

Cuarto, debe abordarse la sobrepoblación escolar y la precariedad de recursos, factores que agravan la indisciplina y dificultan cualquier intento de control.

Finalmente, es necesario un pacto social que involucre a las familias. La disciplina no puede recaer exclusivamente en la escuela. Sin corresponsabilidad, cualquier esfuerzo será insuficiente.

Restablecer la autoridad en las aulas no es un acto autoritario, es una condición básica para garantizar el derecho a la educación. Ignorar esta realidad es condenar al sistema educativo a una decadencia cada vez más profunda.


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