Anny Jaquez lleva la lucha por una menstruación digna desde la región Enriquillo hasta el panel paralelo del CPD59 en Nueva York

MARTES, 14 ABRIL, 2026.-- El trabajo comunitario, descolonial e inclusivo que desde hace años realiza Tertulia Feminista Sur (TFS) en las zonas más vulnerables y empobrecidas de la región Enriquillo, República Dominicana, es lo que llevó a su coordinadora de proyectos, Anny Jaquez, a participar como panelista en un evento paralelo a la Comisión sobre la Población y el Desarrollo (CPD59) de las Naciones Unidas, celebrado en Nueva York. Fue dentro de los eventos paralelos organizados por Fós Feminista, donde Anny compartió escenario con activistas de Haití y Nigeria para hablar de tecnología, salud menstrual y justicia desde la mirada del Sur Global. Su presencia allí fue el reconocimiento a un camino sembrado durante años en los territorios, junto a niñas, adolescentes, jóvenes, madres y abuelas de la región Enriquillo, una zona fronteriza, con comunidades históricamente olvidadas, lomas, bateyes y barrios.

En ese panel paralelo, Anny destacó los aspectos estructurales que enfrentan las niñas y mujeres en República Dominicana, con especial énfasis en la realidad de la región Enriquillo. Habló del 18% de ITBIS que pagan los productos de higiene menstrual, un impuesto que convierte un derecho básico en un lujo inaccesible. Pero sobre todo, puso el foco en la vida cotidiana de las niñas, adolescentes y jóvenes de esta región fronteriza, empobrecida, con falta de acceso pleno a agua potable, ausencia de empleo y una presencia históricamente débil del Estado. Explicó que el problema empieza porque no es normal hablar de la menstruación. A ese silencio se suman el acceso limitado a productos –no solo porque no existan, sino por el bajo poder adquisitivo–, el desconocimiento, la falta de educación menstrual en escuelas y familias, y la dificultad de asumir la menstruación como un proceso natural en los cuerpos con útero.

Uno de los puntos más duros de su intervención fue recordar que hace treinta años era absolutamente normal que las mujeres dominicanas, especialmente en zonas rurales como la región Enriquillo, usaran trapos, esponjas o papel para gestionar su menstruación, no por tradición, sino por la inexistencia de opciones. Y que, en muchas comunidades aisladas de esa región, esa realidad no ha cambiado. En los territorios donde trabaja Tertulia Feminista Sur, la mayoría de las niñas de 13 a 18 años nunca había visto una copa menstrual. Las propias docentes tampoco. Conocen los tampones, pero no los usan porque son más caros y porque el miedo también forma parte del estigma. Cuando llevaron a las comunidades las toallas y pantis menstruales reutilizables, las jóvenes abrieron los ojos como si vieran un invento del futuro. Pero no es futuro: es tecnología simple, asequible y sostenible que nunca llegó porque el mercado y el Estado no han priorizado su dignidad.

Anny también reflexionó sobre las aplicaciones de seguimiento menstrual y los avances tecnológicos que muchas veces no llegan a comunidades sin acceso a internet, donde las limitaciones son de primer nivel: falta de agua potable, alimentación deficiente, infraestructura de salud precaria y ausencia de políticas públicas eficientes. En la región Enriquillo, el acceso pleno a agua potable es una deuda histórica, y eso hace que incluso una copa menstrual, que requiere agua limpia para lavarse, sea difícil de usar. Frente a esta realidad, presentó las alternativas que desde Tertulia Feminista Sur ya están en marcha: un trabajo centrado en la comunidad y sus necesidades reales, con un abordaje estratégico desde la educación popular, descolonial e inclusiva, que toma en cuenta lo ancestral como fuente de saber y que transforma el estigma a través de conversaciones abiertas y basadas en cada contexto.

El panel contó además con representantes de Haití y Nigeria, quienes compartieron sus experiencias y desafíos desde sus realidades locales. Desde Haití se habló de los campamentos de personas desplazadas y la falta de infraestructura de agua y saneamiento. Desde Nigeria se reflexionó sobre los riesgos de las aplicaciones de seguimiento menstrual en contextos donde el aborto está criminalizado. Tres países, tres contextos, una misma urgencia: la salud menstrual no puede ser un producto de mercado ni un campo de vigilancia. Debe ser un derecho.

Al cierre de su intervención, Anny lanzó tres peticiones concretas ante gobiernos, agencias internacionales y organizaciones de la sociedad civil presentes en el panel paralelo: eliminar el 18% de impuesto a los productos menstruales en República Dominicana y en todos los países del Sur Global; financiar programas de introducción de tecnologías sostenibles como copas y pantis reutilizables, siempre acompañados de educación práctica y acceso a agua limpia; y que al menos el 30% de los fondos internacionales destinados a salud menstrual se canalicen directamente a organizaciones comunitarias como Tertulia Feminista Sur.

Y entonces añadió una reflexión que nace de la experiencia cotidiana en la región Enriquillo: "La menstruación es natural, sí, pero no deja de ser un reto, una carga. Biológica y simbólica. Y también acarrea costos. Más cuando se quiere vivir con dignidad y con respeto a los derechos humanos de las personas menstruantes. Por años, comprar productos menstruales, hablar del tema, ha sido tratado como si fuera un lujo o algo de lo que hay que avergonzarse. Pero no lo es. Es parte de la vida. Y merece políticas públicas, inversión y respeto".

Al terminar, Anny agradeció el espacio y recordó que todo lo que compartió es fruto de un trabajo colectivo, del día a día con las comunidades de la región Enriquillo, donde cada conversación, cada taller y cada resistencia compartida son los que realmente abren camino. Por eso Tertulia Feminista Sur llegó a ese panel paralelo en Nueva York: para que esas voces, tan sabias y silenciadas, se escuchen también en los espacios globales.

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