Domingo de Ramos: la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén… que anticipaba la cruz

La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén
Cuando finalmente entró Jesús a la ciudad de Jerusalén, la mayoría de la multitud tendió sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino (cf. Mt 21, 8).
EN SANTO DOMINGO, domingo, 29 marzo, 2026.-- Jesús era visto por muchos de sus seguidores como el rey esperado, el libertador, sin embargo, lo imaginaban con el poder de los reyes que los habían gobernado durante años, rodeados de guardias, lujos y riquezas.
La gente buscaba el momento preciso para proclamarlo como su rey, pero no habían encontrado la oportunidad, así que, aprovecharon la ocasión en que llegó a Jerusalén para celebrar la Pascua judía.
Cuando Jesús se dispuso a entrar a Jerusalén para celebrar la Pascua, una tradición de los judíos, ya sabía lo que le esperaba allí.
Por eso, antes de entrar a la ciudad, llamó a sus discípulos y les explicó lo que debía suceder con Él allí en los días por venir.
El evangelio de Mateo precisa que, cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos, y por el camino les dijo: «Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y escribas, y Lo condenarán a muerte; y Lo entregarán a los Gentiles para burlarse de Él, lo azotarán y crucificarán, pero al tercer día resucitará» (cf. Mt 20, 17-19).
Como se puede ver, Jesús prepara a su gente para que, llegado el momento, no se asombraran de lo que verían, pero, aun así, lo olvidaron.
Las autoridades religiosas no estaban contentas con las acciones de Jesús. Además, el poder de Roma se mantenía muy atento y vigilaba todo movimiento que pudiera alterar la estabilidad, y era justo lo que veían en él.
El Mesías que llegó sin ejército
Contrario a lo que esperaba la mayoría de sus seguidores, el rey no llegó con carrozas de lujo ni rodeado de guardias. Jesús entró a Jerusalén en un pollino o burro, que había mandado a buscar.
El evangelista Mateo narra que Jesús envió a dos discípulos a buscar un pollino prestado, con lo que se cumplía la profecía: «Mira, tu rey viene a ti, humilde y montado en un pollino, hijo de bestia de carga» (cf. Mt 21, 5).
Entonces fueron los discípulos e hicieron tal como Jesús les había mandado, y trajeron el pollino. Pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se montó en él (cf. Mt 21, 6-7).
“¡Hosanna al Hijo de David!” El grito de júbilo
Cuando finalmente entró Jesús a la ciudad de Jerusalén, la mayoría de la multitud tendió sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino ( cf. Mt 21, 8).
La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén
Las multitudes gritaban: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito aquel que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!» (cf. Mt 21, 9).
Su pueblo lo aclamaba como el esperado libertador. Eran voces de júbilo, pues al fin serían libres de la opresión que vivían, pero no sabían que Jesús no proclamaba un reino terrenal, sino de justicia divina, muy diferente al poder que esperaba el pueblo.
Toda la ciudad se agitó, y decían: «¿Quién es Este?» Y las multitudes contestaban: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea» (cf. Mt 21, 10-11).
Sin embargo, esas mismas voces que lo exaltaban y gritaban emocionados «¡Hosanna al Hijo de David! Serían las mismas voces que días después dirían: “Crucifícalo, crucifícalo”.
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