Helartesano: sabores que nacieron del amor y encontraron hogar en el sur

 

Una historia de visión, disciplina y compromiso que convirtió un sueño familiar en referente de calidad en Baní y en San Juan

 MARTES, 24 FEBRERO 2026.- Todo comenzó con una conversación de recién casados. Antes de cualquier otro proyecto de vida, Isaac José Pimentel Zapata quería emprender. No era un impulso pasajero, sino una convicción que lo acompañaba desde siempre. Su esposa, Camila Peña Troncoso, no solo respaldó la idea: la convirtió en un propósito compartido. Así nació Helartesano.

La decisión de establecerse en Baní, tierra natal de Camila y con raíces familiares también para Isaac, no fue únicamente sentimental. Hubo análisis de mercado y una lectura clara: en el sur no existía una propuesta centrada en gelato artesanal italiano auténtico. Mientras algunos advertían que ofrecer calidad superior en la región era arriesgado, Isaac vio una oportunidad. A su juicio, el sur puede, quiere y merece lo mejor.

El 5 de enero de 2025 abrieron las puertas en un pequeño local alquilado, tras un mes de trabajo contrarreloj financiado con un préstamo. El margen era mínimo: al cumplirse el mes comenzarían los pagos de alquiler, electricidad y nómina. El temor era concreto y cotidiano: no poder cumplir con las obligaciones.

El primer día estuvo marcado por el apoyo de familiares y amigos. Sin embargo, la verdadera prueba llegó cuando comenzaron a llegar clientes sin vínculo previo. Los comentarios en redes sociales y las impresiones directas coincidían en una idea: la propuesta era distinta. Desde entonces, asegura, no han dejado de tener clientes.

Helartesano no se presenta como una heladería convencional. Su concepto gira en torno al equilibrio. Para Isaac, “sano” no significa ausencia de azúcar, sino formulación inteligente: mayor protagonismo de la fruta natural, cero colorantes y saborizantes artificiales, y un balance cuidadoso en textura y dulzor. No compiten en volumen ni en precio bajo, sino en calidad, autenticidad y experiencia.

La estructura del negocio refleja la trayectoria del fundador. Ingeniero en sistemas, con maestría en Gerencia Moderna y más de 20 años en el sector tecnológico, Isaac trasladó disciplina estratégica y control financiero al emprendimiento.

Antes de lanzar la marca, viajó a Colombia y Miami para formarse en escuelas internacionales de gelato y paletería artesanal, consciente de la limitada oferta de capacitación especializada en el país.

La apuesta por lo local es deliberada. El mango se adquiere en Baní; el coco, en San Cristóbal; las fresas llegan desde Ocoa a través de un proveedor residente en el municipio; la sandía proviene de un negocio tradicional del centro del pueblo. Más que una decisión operativa, es una filosofía: fortalecer cadenas productivas del sur y mantener el valor en la región.

La comunidad ha respondido con respaldo orgánico. Personas viajan desde Santo Domingo, San Cristóbal y Azua para probar los productos. Entre las historias que más lo han marcado, Isaac recuerda a un cliente que aseguró no haber probado antes un chocolate que supiera “de verdad a chocolate”, y a una persona diabética que midió sus niveles de glucosa tras consumir fresas con crema y confirmó que no se alteraban. “Ahí entiendes que no solo vendes un helado; generas confianza”, afirma.

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