El inmenso poder de la radio

 Recibido De: Felipe Mora <felipemora56@gmail.com>

Por Felipe Mora

Una mentira divulgada a través de las ondas hertzianas es capaz de provocar el caos entre un público determinado. El poder de la radio se podría afirmar es casi ilimitado.

LUNES, 02 FEBRERO 2026.- Desde mis tiempos de estudiante de periodismo en la UASD, hace más de cuatro décadas, tuve mayor inclinación por la prensa escrita. Seguí la trayectoria trazada por mis mentores en las aulas y luego en redacciones de medios. Coincidían en que el verdadero periodismo, el más conciso y real, es el escrito, al que he seguido hasta el presente.

Al periodismo que usa medios electrónicos (radio y televisión) le daban su importancia, pero lo dejaban como segunda opción, dadas las improvisaciones en que se incurre en estos. Pero, el transcurrir del tiempo se encargó de provocar un viraje de grandes proporciones.

Desde hace más de un siglo,cuando en 1912 Charles Herrold se convirtió en la primera persona en hacer una transmisión de entretenimiento en horario regular y a través de la emisora que él fundara tres años atrás en San José, California, la Estación FN, con el correr de los tiempos ha quedado más que demostrado el inmenso poder que tiene la radiodifusión en el mundo. 

Es un excelente medio de comunicación, capaz de educar, de hacer llegar mensajes puntuales a millones de seres humanos dispersos en una determinada zona geográfíca.

Nadie tiene que decírmelo. Lo sé de sobra: la inmensa mayoría de las más de 50 mil emisoras de radio diseminadas en los cinco continentes contribuyen a la educación y a los buenos modales de las personas.

Lo mismo digo de las más de 360 estaciones radiales que hay en República Dominicana, que contribuyen con educar en aspectos tan variados como economía, política, deportes, arte y cultura, religión, temas migratorios, entre otros. 

Pero, siempre hay quienes quieren sobresalir más allá de sus reales posibilidades y se distancian de lo que deben ser las normas establecidas.

¿Qué papel desempeñan los organismos oficiales llamados a trazar pautas ante las indelicadezas de un número considerable de "comunicadores", así entrecomillados? 

A través de la radio, la población mundial ha tenido nuevos y más desarrollados hábitos de mejor vivir, de educar el intelecto, de acercar culturas dispares, de intercambiar conocimientos entre los pueblos. Y todo eso se ha logrado en ocasiones con enormes sacrificios, de toda índole.

Miles de historias en los lugares más disímiles del planeta así lo atestiguan.

En la capital dominicana y otros centros urbanos del país hay “comunicadores”, pero en su diario vivir, con un micrófono a su alcance, lo que hacen es maltratar al público radioescucha con expresiones vulgares, soeces, destempladas.

Por desgracia, esa malsana práctica ha pasado a ser algo cotidiano, incluidos los ocasionales desafíos entre “colegas”, máxime si se ubican en parcelas políticas distintas.   

Las dudas de que eso es así se disipan cuando entramos a Google, a Youtube, a Instagram y otras herramientas de las redes sociales. Vemos con estupor videos y audios que causan espanto.

En días recientes, me encontraba en medio de un “tapón” en una avenida, y en un cambio de estaciones en el radio receptor de mi vehículo trataban en un interactivo el caso de un pederasta sobre el cual pesan acusaciones muy serias.

Como parte del panel intervino una joven cuyas sus expresiones fueron puras insolencias. Ella manifestó su enojo con el acusado, hizo defensa de las víctimas. Pero las malas palabras que profirió en esa supuesta defensa fue como si tuvieran el efecto contrario: maltratar a los que resultaron afectados. No era necesario ese lenguaje soez y rastrero.

De inmediato, cambié de estación en el dial. Porque entiendo la radio tiene por misión educar, antes que maltratar al público receptor.

La forma de expresarse de esa joven, que por respeto al público no repito en este escrito, lo que hacen es llevar incertidumbre, confusión y desasosiego a la población que tiene acceso a esos programas.

En definitiva, entiendo que por casos como ese no todo está perdido, que hay gente honorable en los medios electrónicos, incluidas las estaciones radiales y sus programas interactivos que cada día aportan conocimientos a nuestra sociedad, que tanto necesita de ello.


 


 


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