"Presente su producto con altura, aunque trabaje usted debajo de una mata”
DOMINGO, 10 ENERO 2026.- La historia de la artesana Alba García emerge como un recordatorio de que, con planificación, formación y fe, se logran los objetivos; es una emprendedora consagrada
Como artesana de vocación, Alba García pone su corazón en cada pieza creada. Sus obras evocan tradición, historia, identidad y cultura, pero también sacrificio, perseverancia y la entrega que caracteriza a la mujer dominicana emprendedora, esa “que viene de abajo” y lucha de sol a sol para salir adelante.
En medio de la incertidumbre, su historia aflora como un recordatorio de que, con dedicación,
planificación, formación y fe, cualquier idea de negocio por más sencilla que parezca puede convertirse en un proyecto sólido y en un motor de ingreso familiar con impacto en la comunidad.
A sus 61 años, y a pesar de atravesar múltiples vicisitudes, Alba asegura que se encuentra en el mejor momento de su emprendimiento. Y sigue un proceso de formación continua, para seguir consolidando su sello personal grabado sobre la base de la calidad y la responsabilidad.
Al momento de conceder esta entrevista, la señora García trabaja en la elaboración de las tradicionales muñecas dominicanas, sin embargo, hizo una pausa para compartir su historia de fe y superación.
Todo comenzó en la sala de su casa. A los 15 años, cuando toda niña fantasea con su futuro, Alba ya tenía claro que su don estaba en sus manos y en su mente creativa, que solo era cuestión de tiempo y de pulir el talento para convertirse en una artesana consagrada.
“Empecé de muy jovencita a trabajar la artesanía, y me fui expandiendo. Me puse a estudiar, aprendí cursos técnicos, hasta que me hice artesana general. De jovencita comencé a trabajar, y lo que hacía lo vendía. A veces parecía difícil, porque me daba trabajo conseguir los materiales, pero lo lograba”, recuerda.
Narra que sus primeros ingresos los invirtió en adquirir conocimientos. “Hacía un curso que me diera apoyo a otro. Hoy tengo 61 años y no he dejado de estudiar, siempre voy a la escuela laboral y hago mis cursos, porque siempre hay algo nuevo que aprender”, resalta.
Historia del taller
Con el apoyo de su esposo y sus hijos, Alba le dio forma y carácter a su negocio y abrió su taller. Así vio la luz el proyecto que bautizó con el nombre “Casa Artesanal Dominicana”.
En este taller lleva casi 30 años. Allí confecciona piezas inspiradas en las raíces dominicanas y en su ingenioso y libre sentido artístico. En este espacio, donde moldea delicadas obras a base de barro y yeso, también fue probada su paciencia y fraguada su esperanza en un mejor porvenir.
Adelante, a pesar de la enfermedad
En estos años, la enfermedad varias veces tocó su puerta y con ímpetu. No obstante, en honor a su nombre, Alba aprendió a iluminar tras la noche más oscura.
García ha cargado en su propio cuerpo el peso del cáncer. “Dios tuvo el control. A pesar de que yo estaba así, en plena pandemia, un día me levanté, y le dije a mi esposo: ‘cómprame tela, porque cuando salga de la operación vengo a trabajar’; no me voy a detener, aunque venga la enfermedad”, destaca.
Pero nada la ha sacudido tan fuerte como las situaciones de salud de su hija, quien padece de miastenia grave, una enfermedad degenerativa autoinmune. Milagrosamente la joven ha sobrevivido a múltiples paros y accidentes cerebrovasculares, y esto ha fortalecido la confianza de Alba en su Dios. Muchas horas de su vida las ha pasado entre el taller y la clínica. “Allá me llaman los clientes, luego vienen a despachar en la casa. Después vienen a recoger y yo en la Plaza de la Salud”, narra.
Pese a lo agotador que puede ser lidiar con enfermedades crónicas, Alba mantiene un firme compromiso con sus clientes, aunque el hecho de quedar bien le reste horas a su descanso. “Cuando te hacen un pedido, tienes que levantarte de madrugada. Había veces que dejaba a mi hija en intensivo, venía a la casa a las 10 de la noche y terminaba a las 6 de la mañana para entregar los pedidos”, cuenta.
Otros emprendimientos
Contra todo pronóstico, Alba ha continuado superándose mediante cursos técnicos, lo que le ha permitido incursionar en áreas como la panadería y la repostería; y así puso su propia cafetería.
El secreto está en la planificación
Al repasar su vida, asegura que está en su mejor momento. “Ahora es que me están llegando muchos pedidos y no tengo tiempo casi de nada”. Este es mi mejor momento, porque a pesar de la edad, me siento más capacitada. Hay personas que por, problemas y enfermedades, se detienen, yo no me detengo”, expresa.
¿Cómo puede repartirse para tanto y quedar bien? Es la pregunta que muchos de los que conocen su historia se hacen. Y como no es egoísta, Alba nos reveló su secreto: “Todo está en el orden. Yo digo, esta semana voy a coser y la otra semana hago otra cosa. Hay que medir y trazar. Porque donde hay planificación es difícil que algo fracase”, afirma.
La familia es su apoyo
No obstante, reconoce que sus hijos y su esposo han sido un fuerte soporte. Además, en las temporadas de mucho trabajo, contrata personal de confianza. “Mi hijo atiende la cafetería. Si hay que empacar, empaca. Mi hija me ayuda a pintar. Mi esposo se faja también; él prepara su columna de yeso”, resalta con visible satisfacción. Esta unión les hizo ganar un concurso de promipyme familiar hace cerca de dos años.
Sus 61 años y más de 40 en el oficio de la artesanía vinieron acompañados de experiencia y sabiduría. Esto le ha permitido impartir el conocimiento aprendido a niños y adultos a través de talleres.
A los nuevos emprendedores la trabajadora mujer les deja este consejo: “Pongan a Dios delante, que se instruyan, lean, busquen información, vayan a capacitarse, vayan a ayudar a alguien que esté trabajando artesanía para que aprendan, porque la persona tiene el conocimiento que Dios le dio, pero tiene que abrirse a estudiar, vayan a ferias, pero nunca copien al otro, siempre sean originales. Y aunque usted viva en un barrio, tiene que manejarse y presentar su producto con altura, aunque usted trabaje debajo de una mata”, exhorta.


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