El Eco Silencioso de los Feminicidios
Nota recibida De: Freddy Pichardo Galarza <fpichardogalarza@gmail.com>
Por Mónica Zapata / Activista comunitaria NY
VIERNES, 28 NOVIEMBRE, 2025:- Cada mujer asesinada deja un vacío irreparable, una ausencia que no solo resuena en las estadísticas, sino en los hogares, en las escuelas y en los corazones más inocentes .
Cuando una mujer es víctima de feminicidio, no solo perdemos una madre, una hija, una hermana. También dejamos en la orfandad emocional y muchas veces material a niños y niñas que no pidieron ser parte de este horror.
Hijos que en un instante pierden a su figura de amor, cuidado y protección, al mismo tiempo, en muchos casos quedan marcados por la violencia de un padre que destruyó su mundo antes de destruir el suyo. porque los feminicidios no solo matan a una mujer , rompen una generación .
Estos niños cargan heridas invisibles, heridas hechas de miedo, silencio y confusión , niños que crecen con el trauma de haber visto, oído o intuido lo que nunca debieron conocer el odio donde debía haber amor .
Algunos enfrentan la dura realidad de pasar de un hogar a instituciones o a familias que, aunque llenas de amor, no pueden borrar la huella del trauma.
Otros cargan culpas que no les pertenecen, preguntas sin respuesta, y un dolor que, sin atención y acompañamiento psicológico, puede transformarse en depresión, ansiedad o ciclos que repiten el mismo patrón de violencia. Y aún así, ¿cuántas veces estos niños quedan invisibles en el debate público?
Hablar de feminicidios no es solo hablar de justicia para las mujeres, es también proteger la vida emocional y social de los hijos, quienes deben ser tratados como víctimas directas.
Apoyarlos psicológicamente, garantizarles estabilidad, proteger su futuro educativo y emocional, no es un gesto de ayuda: es un deber del Estado, de la sociedad y de todos nosotros.
Porque al salvar a estos niños, estamos rompiendo la cadena del trauma, estamos creando adultos sanos, resilientes, capaces de construir relaciones basadas en el respeto y no en el miedo.
Estamos apostando por un futuro donde el amor no termine en violencia, acompañemos sus voces, aunque todavía no sepan cómo gritar. Acojamos su dolor, aunque todavía no sepan cómo expresarlo.
Hagamos visible lo que por años ha permanecido en las sombras: los hijos también son víctimas de los feminicidios.
Que este compromiso no sea solo palabras, debes convertirlo en acción, educación, prevención, y un abrazo social y humano para quienes, sin pedirlo, cargan la herida más profunda de todas: perder a su madre por la violencia machista.
Por ellas, por ellos, por una sociedad que elige la vida, la empatía y la justicia, porque vivir sin los cuidados y el amor de un padre es difícil, bien difícil, pero sobrevivir sin una madre es casi imposible.
Hoy levantamos nuestras voces no solo por las mujeres que ya no están, sino también por quienes siguen aquí, los hijos e hijas que quedaron huérfanos por el asesinato de sus madres. Niños que no escogieron esta tragedia, pero que la llevan marcada en el alma desde el día en que la violencia les arrebató el abrazo más sagrado, el de su madre.
En la República Dominicana, hablar de feminicidios es hablar de un dolor que se repite, año tras año, sin descanso. Pero cuando nos detenemos a mirar a los ojos a esos niños, cuando escuchamos sus historias, cuando entendemos su soledad, la magnitud de esta tragedia adquiere un rostro, un nombre y un llanto. Las cifras estremecen:
Entre 2016 y 2024, la violencia machista dejó en el país 1,072 niños, niñas y adolescentes huérfanos. Sí, escucharon bien: más de mil niños sin madre en apenas ocho años.
Detrás de esa cifra fría hay realidades desgarradoras:524 son hijos e hijas directos de las mujeres asesinadas. 130 son niños que quedaron sin padre y sin madre, porque su papá mató a su mamá y luego se suicidó o cumple una condena en la cárcel.
418 son hijos de los agresores, que también perdieron a un padre, no porque muriera, sino porque él decidió destruir su propia familia. Y estas cifras no se detienen.
En el año 2024, solo en ese año, 73 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas, dejando 77 niños huérfanos. La Fundación Vida Sin Violencia nos recordó una verdad aterradora: En 2024, al menos 54 niños quedaron huérfanos por feminicidios íntimos.
Y este año, 2025, el dolor continúa acumulándose. En los primeros seis meses ya contábamos con 27 feminicidios ,37 niños huérfanos solo en medio año. Y la cifra total de este año asciende a 79 huérfanos por feminicidios cometidos por parejas o exparejas. Si sumamos todo lo que hemos vivido en la última década, podemos decir —con vergüenza y con rabia—que en la República Dominicana estamos criando generaciones completas de niños marcados por la violencia.
Cuando una mujer es asesinada, la noticia se escucha, se comparte, se comenta, pero pocas veces alguien se detiene a preguntar: ¿Quién cuidará a sus hijos?¿Dónde dormirán esta noche? ¿Quién les explicará por qué su mamá no regresará? ¿Quién escuchará el llanto que ellos sueltan cuando las luces están apagadas?
Muchos de estos niños pasan a vivir con abuelas que ya tienen más años que fuerzas, con tías que hacen malabares económicos, con familias que, aunque están llenas de amor, no siempre cuentan con los recursos para sostener emocionalmente a un niño que vio o escuchó lo peor de las violencias.
Algunos quedan en instituciones, otros luchan contra el trauma sin acompañamiento psicológico, algunos callan, otros repiten patrones, otros se pierden y muchos —muchos— crecen con esta pregunta que el tiempo no responde:
“¿Por qué me quitaron a mi mamá? La violencia no mata a una sola persona, cuando un feminicidio ocurre, no se apaga solo la vida de una mujer,la violencia tiene un efecto dominó devastador: mata futuros, rompe familias
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