Asesinan al periodista Cristian Herrera en Cúcuta: el segundo muerto en Colombia en un mes

 
Periodista judicial Cristian Hernando Herrera Nariño, de 48 años

El reportero judicial, miembro del Consejo Directivo de la FLIP, fue baleado frente a su familia. Su crimen reaviva la alarma sobre el deterioro de la libertad de prensa en Colombia y en una América Latina que las organizaciones internacionales consideran la región más peligrosa del mundo para ejercer el periodismo fuera de las zonas de guerra.

Agencias

EN CÚCUTA, Colombia, lunes, 08 de junio, 2026.--  El periodista judicial Cristian Hernando Herrera Nariño, de 48 años, fue asesinado este 6 de junio de 2026 en Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander, en un ataque sicarial que ha enlutado de nuevo al periodismo colombiano. Se trata del segundo comunicador asesinado en el país en aproximadamente un mes.

Según la información preliminar de las autoridades, Herrera fue interceptado por hombres armados que se movilizaban en motocicleta cuando llegaba a la vivienda de un familiar, en el barrio Quinta Oriental, en inmediaciones de la Universidad Francisco de Paula Santander. Los atacantes le dispararon en repetidas ocasiones, al menos cinco veces, hacia las 12:41 de la tarde y a plena luz del día, frente a su esposa y su hija. El comunicador fue trasladado de urgencia a un centro asistencial, pero llegó sin signos vitales.

Una trayectoria marcada por las amenazas

Herrera, comunicador social egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB), acumulaba más de dos décadas de experiencia. Durante años fue reportero judicial del diario regional La Opinión y se destacó por cubrir orden público, conflicto armado, seguridad, narcotráfico, corrupción y la compleja situación de la frontera colombo-venezolana. Al momento de su muerte integraba el Consejo Directivo de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), de la que era corresponsal en la región, y se desempeñaba como asesor de comunicaciones de la Gobernación de Norte de Santander.

Su trabajo le había costado años de hostigamiento. Colegas y reportes de prensa recordaron que Herrera había recibido múltiples amenazas a lo largo de su carrera, al punto de haber permanecido un tiempo exiliado en Chile a inicios de los años 2000, y que contaba con un esquema de protección. Según la Unidad Nacional de Protección (UNP), el día del crimen el periodista no se encontraba acompañado por su esquema de seguridad. La Fiscalía de Norte de Santander asignó un grupo de investigadores al caso y señaló que las amenazas previas serán el punto de partida de las pesquisas.

El alcalde de Cúcuta, Jorge Enrique Acevedo, ofreció una recompensa de hasta 100 millones de pesos por información que permita identificar a los responsables, mientras la Policía Metropolitana anunció el despliegue de todas sus capacidades para dar con los autores.

Rechazo nacional e internacional

El asesinato provocó un amplio rechazo. La Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos instó a las autoridades a investigar, judicializar y sancionar tanto a los responsables materiales como intelectuales del crimen, y reiteró la necesidad de garantizar la libertad de prensa.

La Defensoría del Pueblo y la Procuraduría también condenaron el hecho y pidieron avances rápidos en la investigación; la Defensoría advirtió que la impunidad, el crimen organizado, la corrupción y la violencia derivada del conflicto armado siguen representando riesgos para quienes ejercen el periodismo.

La FLIP lamentó profundamente la muerte de su colega y subrayó que cada periodista silenciado por la violencia constituye una pérdida irreparable para sus seres queridos, para el oficio y para la democracia. La organización ha insistido en que el homicidio de un periodista es una de las formas más graves de censura, porque genera miedo, propicia la autocensura y vulnera el derecho de las comunidades a informarse sobre lo que ocurre en sus territorios.

El segundo crimen en un mes

El homicidio de Herrera ocurrió menos de un mes después del asesinato del periodista Mateo Pérez Rueda en Briceño, Antioquia, un crimen atribuido a las disidencias de las FARC y registrado tras un reportaje del comunicador en esa zona del país.

Los dos casos se inscriben en un panorama de creciente hostilidad contra la prensa. De acuerdo con cifras de la FLIP, entre el 1 de enero y el 12 de mayo de 2026 se documentaron en Colombia 141 agresiones contra periodistas, entre ellas 42 amenazas, 24 obstrucciones al trabajo periodístico, 19 casos de estigmatización y un secuestro, además del asesinato de Pérez.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha advertido sobre el deterioro de las condiciones para el ejercicio del periodismo en las zonas afectadas por el conflicto armado, donde las amenazas, los atentados y las agresiones alimentan fenómenos crecientes de autocensura entre los reporteros locales.

América Latina, la región más peligrosa fuera de las guerras

La violencia que segó la vida de Herrera no es un fenómeno aislado de Colombia, sino parte de una tendencia regional. Según el balance anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF) divulgado en diciembre de 2025, América Latina y el Caribe concentraron 18 de los 67 periodistas asesinados en el mundo en los doce meses previos, cerca del 26 %, lo que confirma a la región como la más letal para la profesión fuera de las zonas de guerra. RSF precisó que el 79 % de esos 67 comunicadores murieron como consecuencia de conflictos armados o del crimen organizado

México volvió a destacarse como el escenario más mortífero del continente y el segundo más peligroso del planeta, solo después de Gaza, con nueve periodistas asesinados durante 2025, en lo que la organización calificó como el año más violento en ese país en al menos tres años. RSF ha advertido sobre una suerte de “mexicanización” de América Latina, en alusión a la expansión del poder del crimen organizado como principal amenaza para la prensa, un patrón que también golpea a Ecuador, Perú, Guatemala, Honduras, Haití y la propia Colombia.

A los asesinatos se suman otras formas de presión. RSF ha señalado el cierre de espacios para la prensa independiente en países como El Salvador, donde denunció una ola de represión que ha empujado al exilio a periodistas, y ha alertado sobre el uso de la inteligencia artificial para amplificar la desinformación. En su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026, la organización recordó que más de 150 periodistas han sido asesinados y al menos 28 desaparecidos en México desde el año 2000, y advirtió que las leves variaciones de posición en el índice suelen reflejar el retroceso de otros países antes que una mejora real de las condiciones para informar.

Impunidad, el denominador común

Las organizaciones de defensa de la libertad de prensa coinciden en un diagnóstico: la impunidad es el factor que perpetúa la violencia. Aunque la mayoría de los crímenes contra periodistas derivan en investigaciones, pocos llegan a resolverse, lo que sostiene un clima de miedo y obstaculiza el ejercicio de un periodismo libre e independiente, considerado un pilar de la democracia.

El asesinato de Cristian Herrera, un reportero que, según sus allegados, “vivía para el periodismo” y hablaba sin miedo de narcotráfico, política y corrupción. pone otra vez sobre la mesa una exigencia que las autoridades y los gremios repiten tras cada crimen: proteger a quienes informan y romper el ciclo de impunidad que, de no detenerse, seguirá silenciando voces en Colombia y en el resto de América Latina.

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