Lo que dice la foto de un policía apuntando su arma frente a una niña sobre la justicia, la opresión y la distorsión de las protestas en EEUU

 
(Photo by Apu GOMES / AFP) (Photo by APU GOMES/AFP via Getty Images)

Jesús Del Toro / Yahoo Noticias

JUEVES 04 JUNIO, 2020: Una imagen de enorme poderío se ha vuelto viral en el contexto de las multitudinarias protestas que se desarrollan en Estados Unidos para repudiar la muerte de George Floyd a manos de policías y el racismo estructural en las policías en el que éste se inscribe.

La foto muestra una escena especialmente tensa: en el epicentro de una de esas manifestaciones en Long Beach, California, un hombre afroamericano lleva en los hombros a una niña, posiblemente su hija. Los policías portan rifles de balas de goma y, al parecer, uno de ellos apunta su arma contra el hombre y la niña, que se muestran pacíficos, desarmados y estarían simplemente ejerciendo su derechos cívicos.

A primera impresión, quien visualiza esa imagen concluye presumiblemente que el policía le apunta a quienes serían padre e hija, un acto ominoso y opresivo en la que la autoridad oprime a los débiles y actúa de modo desproporcionado. Otros podrían quizá cuestionar que la foto no sería real y podría ser un montaje.

Y hay quienes critican por igual la actitud amenazante de los policías y la decisión del hombre de llevar a una niña pequeña a una manifestación que potencialmente podría volverse violenta.

Pero esas descripciones son parciales y tienen claroscuros. La realidad tras esa foto sería más amplia y compleja que la apariencia, aunque no por ello menos impactante o reveladora.

En realidad, comprender su significado amplio permite también entender mejor la tensión social y racial y la polarización que actualmente azotan a Estados Unidos.

Según la revisión hecha por la plataforma de verificación Snopes, la foto es real, no un montaje y retrata una escena que en efecto sucedió. Fue tomada en Long Beach, California, durante una protesta el pasado 31 de mayo. El autor es el fotógrafo Richard Grant, que la publicó en sus redes sociales. El propio Grant la calificó como “probablemente la más impactante imagen que jamás he captado”.

Pero como comenta Snopes, la perspectiva con la que tomada puede generar la percepción equívoca de que en efecto en ese instante el policía apunta su arma de balas de goma contra el hombre y la niña. Al considerar eso, puede concluirse que el policía apuntaba al entorno inmediato y no específicamente a esas dos personas, al menos en el momento mismo en que fue tomada.

En Instagram, Grant dio más contexto sobre su foto: “este hombre se mantuvo con su hija la mayoría del tiempo hasta que la policía empezó a usar granadas aturdidoras, pero ellos nunca le dispararon aunque ocasionalmente le apuntaron sus rifles de balas de goma”.

Grant publicó en Instagram una foto adicional, que muestra otro instante de esa escena. En ella se ve en  efecto que los policías apuntan sus armas, pero hacia personas a un lado del hombre y la niña.

Con todo, como el propio Grant señala, de ello no se concluye que los policías no apuntaron contra ellos. En algún momento lo hicieron, si bien no habrían sido el único foco de su acción, como podría concluirse de la foto inicial.

¿Le quitan estas matizaciones potencia a la foto o al rigor que retrata? ¿Reducen la crudeza y la tensión de ver de esa manera a policías encarando a manifestantes ominosamente, incluso cuando entre ellos hay personas que no representarían peligro alguno? ¿Son entonces todos los manifestantes, incluida la niña, peligroso agentes de disturbios a los que hay que contener? ¿O son los policías una ruda fuerza opresiva y represiva que no se detiene y amenaza incluso a menores indefensos?

Es necesario analizar las cosas con lucidez y disipando prejuicios o conclusiones rápidas, pero es claro que la fotografía citada habla con poderío de los momentos y del lugar en que fue tomada y, también, de sus protagonistas y de la situación general del país.

Muestra que, en efecto, protestas pacíficas se han desarrollado a gran escala en el país, pero que en ocasiones han sido confrontadas con amenazante fuerza pública, presumiblemente porque ciertas autoridades no diferencian entre la manifestación legítima y pacífica de las expresiones violentas.

Muestran que, pese a ello, los citados policías no agredieron físicamente al hombre y su hija, aunque sí en algún momento (no el específico de la foto) apuntaron también contra ellos. Y, al final, si usaron granadas aturdidoras contra la manifestación quizá se debió a que otras personas actuaron violentamente o amenazaron con ello, aunque no hay elementos en esa foto para conocer si actuaron así porque, a diferencia del momento de la imagen, la muchedumbre se tornó luego amenazante o porque las autoridades decidieron simplemente dispersarla, incluso si no era violenta.


(Photo by Apu GOMES / AFP) (Photo by APU GOMES/AFP via Getty Images)

La foto también trasciende lo sucedido en ese momento y lugar. La imagen cobra enorme significado si se contrasta con las palabras que Donald Trump dijo, el pasado lunes, desde el jardín de la Casa Blanca justo cuando una manifestación pacífica en sus inmediaciones fue dispersada con gases lacrimógenas y balas de goma no porque fuera realmente peligrosa sino para abrir espacio para que el presidente pudiera tomarse una foto cargada de narcisismo y autoritarismo.

Trump dijo que apoyaba a los manifestantes pacíficos y perseguiría a los violentos. Pero para escenificarse frente a una icónica iglesia con una Biblia en la mano dispersó injustificadamente a manifestantes pacíficos que ejercían sus derechos. Algo similar al policía apuntando su arma de balas de goma (que aunque no se le considera letal puede causar fuerte daño si se dispara a corta distancia) contra un hombre y una niña que no portan armas y serían en realidad inofensivos y ejercen su derecho a manifestarse.

Lo dicho y hecho por el presidente y lo que muestra la icónica foto tienen, así, punzantes conexiones: ambos mostrarían que esas autoridades en efecto amenazan injustificadamente a quienes pacíficamente ejercen sus libertades, y al hacerlo las estigmatizan y tratan como si fuesen saqueadores y vándalos a los que hay que contener y dispersar.

En paralelo, las interpretaciones que señalan a los citados policías como represores impunes de niños tampoco son exactas, pues no se ejerció violencia física contra la niña, si bien puede elevarse la pregunta sobre el efecto psicológico que en una menor puede tener experimentar momentos de extrema tensión como los que se muestran en esa foto, y lo poco juicioso que habría sido el haberla llevado allí.

Otros, en contrapartida, pueden señalar que al tratarse de una protesta pacífica y legítima, no habría habido razón para no llevar a la menor y que quienes en realidad trocaron el momento en una amenaza habrían sido los policías.

Y también existe la línea que señala que, en esa y otras protestas, se han mezclado infiltrados entre los manifestantes legítimos, que en la acción de quienes ejercían legítimamente sus derechos han irrumpido personas que crean amenazas o desatan vandalismo y saqueos. Diferenciarlos es imperativo, pero eso no es siempre fácil. Y muchos de los organizadores y participantes de protestas pacíficas lo saben y han actuado de modo notable para aislar y contener a quienes buscan aprovechar las movilizaciones sociales para provocar, destruir, robar y distorsionar.

En contrapartida, las imágenes de Grant solo muestran breves instantes y la realidad completa de la tensión y la amenaza que se habría dado en esos momentos, en unos u otros de los presentes, se escapa para quien solo ve una fotografía.

Lo cierto es que el clamor por la justicia y el fin del racismo es legítimo y cuando se expresa pacíficamente debe ser respetado. La fuerza pública ha de reservarse exclusivamente para los violentos, no para hombres con niños y manifestantes que se expresan pacíficamente.

La inercia de tratar todo con el mismo rasero existe, pero la claridad en este caso es crítica para lograr realmente soluciones que ofrezcan real justicia, real seguridad y real libertad. La foto de Grant lo expresa meridianamente.
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