LOS PRINCIPALES CONTRATOS. Las obligaciones del vendedor (10 de 14)

 
Según los términos del Código Civil, el vendedor tiene dos obligaciones principales: entrega y garantía. La obligación de entrega es la de dejar la cosa vendida a disposición del comprador para su recepción, momento en el cual el comprador obtiene la tenencia de la cosa comprada mediante la recepción, contraparte de la entrega: el vendedor entrega, el comprador recibe.

La entrega no transmite la propiedad ni la recepción, sino la tenencia de la cosa vendida. Las cuestiones suscitadas por estas obligaciones son de gran importancia práctica:

· La obligación principal de entrega.

· Las obligaciones accesorias a la entrega.

Sobre la obligación principal de entrega, los hermanos Mazeaud nos explican que en principio, el momento de la entrega era el de la perfección del contrato, por estar los contratantes unidos desde ese momento en el deber de cumplir sus obligaciones, especialmente el vendedor de entregar. La venta de mercaderías al por mayor, por ejemplo, recibió el nombre de venta disponible o venta al disponible. Los redactores del proyecto de ley uniforme sobre compraventa internacional de los objetos corporales mobiliarios han establecido otros principios, salvo convención o costumbre en contrario, según el cual “un vendedor debe entregar la cosa la cosa dentro de un plazo razonable luego de la conclusión del contrato, teniendo presente la naturaleza de la cosa y las circunstancias”, disposición subjetiva que a entender de los hermanos Mazeaud es factible de suscitar litigios.

La obligación inmediata es una regla supletoria que los contratantes pueden modificar y los redactores del Código Civil solo establecen en cuanto al tiempo de entrega que “el vendedor deberá hacer entrega en el tiempo convenido entre las partes”, por lo que el vendedor y el comprador pueden convenir uno o varios términos para la entrega que haya de efectuarse, ya sea una sola vez o por partes escalonadas, estando así la entrega afectada por un término suspensivo y denominada venta a entregar.

En cuanto al lugar y la forma de la entrega, el vendedor cumple con la obligación de entrega dejando la cosa vendida a la disposición del comprador a quien corresponde la recepción, lo cual permite precisar el lugar, los modos y los gastos de la entrega. La puesta a disposición del comprador implica en ciertas condiciones, actos positivos del vendedor, como por ejemplo:

· Entrega de las llaves del inmueble vendido.

· Apertura de los locales donde se encuentran guardadas las mercaderías vendidas.

· La individualización de la cosa genérica vendida.

· La fabricación de la cosa futura vendida.

En cuanto al lugar de la entrega, el vendedor no está sujeto por la obligación de entrega a desplazar la cosa, a llevársela al comprador, quien debe ir a buscarla donde esté, ya que la cosa vendida es “cobradera”, no “pagadera” por lo que, salvo pacto en contrario, la entrega se efectúa en el lugar donde se encuentre en el momento de la perfección del contrato, así lo establece el Código Civil.

Cuando la cosa vendida sea una cosa genérica y no deba ser extraída de un lote o conjunto determinado no podría ser localizado en el momento de la perfección del contrato. Si la cosa fuera futura, la entrega debe efectuarse en el lugar donde se encuentre al terminarse.

La obligación de entrega no conlleva un modo particular, se produce por el solo consentimiento de las partes y el vendedor solo la cumple realizando los actos que hagan posible o que faciliten la recepción, como por ejemplo:

· El vendedor de un inmueble debe entregar al comprador los títulos de propiedad y, si esta edificado, las llaves.

· El vendedor de un inmueble debe vaciarlo y evacuarlo si lo ocupa él mismo y hacer que quede vacío y desocupado si hay algún tercero que carezca de derecho oponible al comprador.

· El vendedor de un bien mueble guardado en un edificio debe dar las llaves o abrir el edificio él mismo al comprador.

· El vendedor de un bien mueble depositado en poder de un tercero debe darle al depositario la orden de dejar al comprador un título que le permita recibirlo de manos del depositario.

· La entrega de derechos incorporales representados por títulos se efectúa con la entrega de esos títulos.

Por estar la obligación de entrega a cargo del vendedor, éste debe soportar los gastos que ocasione su cumplimiento. La entrega es susceptible de gastos muy reducidos. Los gastos de traslado de la cosa vendida siempre están a cargo del comprador, sobre quien pesa la obligación de recibirla.

El proyecto de ley uniforme sobre la compraventa internacional de objetos mobiliarios corporales reproducen las mismas soluciones, las cuales pueden ser modificadas por convención de las partes, siendo frecuentes cláusulas que señalan la entrega en lugar distinto de aquel en que se encuentra la cosa vendida, singularmente en el domicilio del comprador. En la obligación y los gastos de entrega a cargo del vendedor se encuentran incluidos los del transporte, así como los riesgos del mismo. El vendedor está obligado a entregar, junto con la cosa vendida, los frutos y sus accesorios.

Si la compraventa recae sobre una cosa genérica, la cosa vendida es un objeto (una cosa) de la especie y en la cantidad estipulada. Cuando la compraventa recaiga sobre un cuerpo cierto, el vendedor está obligado a entregar la cosa tal y como ha sido convenida y querida por las partes. En consecuencia, si la cosa vendida y entregada está afectada por un vicio oculto ignorado por el comprador o si lleva consigo una posibilidad de evicción, el vendedor no ha cumplido con su obligación de entrega.

Por estar obligado a entregar la cosa convenida, el comprador se halla obligado a entregarla en el estado en que se encontraba en el momento del cambio de los consentimientos si se trata de un cuerpo cierto que tenga existencia actual; en el momento de su terminación, si se trata de una cosa futura, o en el momento de su individualización si la compra es de una cosa genérica.

También pesa sobre el vendedor hasta el momento de la entrega una obligación de conservación la cual es accesoria a la obligación de entrega.

A veces resulta difícil determinar si la cosa entregada es la cosa vendida, por no haberse expresado con claridad la intención de las partes. Tal es el caso para la compraventa de una finca determinada, cuerpo cierto cuya cabida (superficie) está indicada en la escritura de compraventa al mismo tiempo que la designación, acerca de lo cual pueden presentarse dos soluciones, las cuales los redactores del Código Civil han resuelto de las siguientes formas:

· Cuando la compraventa de la finca se ha hecho por un precio global, el error de cabida no se ha tenido, en principio, en cuenta, ya que la fijación de un precio global implica que la cabida no es determinante en la intención de los contratantes y el vendedor, al entregar la finca designada, cumple con su obligación de entrega.

· Cuando la compraventa de una finca se haga “a razón de tanto la unidad de medida” se toma en consideración, en principio, toda diferencia entre la cabida real y la indicada en la escritura de compraventa. Al entregar el vendedor una finca con cabida mayor o menor no ha cumplido correctamente su obligación. En consecuencia, cuando la cabida real sea inferior a la indicada, el comprador puede exigir la entrega de una superficie suplementaria o se reduce el precio al de la cabida real. Cuando la cabida real rebase la indicada, el comprador paga el suplemento del precio o pide la resolución de la compraventa.

Para poner pronto término a las controversias susceptibles de plantearse ente las partes acerca de la cabida de la finca vendida, el legislador extingue las acciones por un plazo perentorio de un año a partir del contrato, acciones raras porque los contratantes suelen convenir que no se alegarán las diferencias de cabidas que pudieran comprobarse y, salvo fraude, tales cláusulas son válidas.

A contar del día en que el comprador se convierte en propietario, en principio a contar desde la perfección del contrato, los frutos de la cosa vendida corresponden al comprador, por lo que el vendedor que no haya entregado la cosa vendida en el día de la transmisión de la propiedad está obligado a entregar al comprador, junto con la cosa vendida, los frutos percibidos a partir de ese día.

Son accesorios de la cosa y deben ser entregados junto con ella y con los frutos percibidos después de la transmisión de la propiedad, aquellos objetos destinados al uso de la cosa y sin los cuales ese uso no resultaría posible. Junto a esos accesorios necesarios la entrega puede recaer también sobre otros objetos que sean accesorios convencionales, todos responsabilidad del vendedor de la cosa. La entrega de los accesorios de la cosa va acompañada de la consigna de los embalajes con lo cual se presentan dos situaciones:

· El embalaje no se ha vendido con la cosa que contenga: el propio comprador utiliza el embalaje en calidad de préstamo de uso y está obligado a devolverlo.

· El embalaje se vende junto con la cosa que contiene: la venta del embalaje va acompañada de una promesa hecha por el vendedor de comprar el embalaje al precio consignado. El comprador del embalaje, por ser su propietario, tiene la libertad para conservarlo, para destruirlo o para venderlo a un tercero.

La determinación de los accesorios necesarios que está obligado a entregar el vendedor suscitan algunas dificultades, especialmente en cuanto a los documentos administrativos que acompañan a la cosa vendida. Entre los compraventas en las cuales el vendedor se compromete a entregar algunos objetos o títulos que sean accesorios de la cosa vendida las hay ilícitas, al menos en ciertas condiciones, tal es el caso de la venta con prima y de la venta llamada “de la bola de nieve”.

En las ventas con primas, el vendedor promete al comprador junto con la cosa vendida: o bien otro objeto (en especie) o bien un título que le da derecho a un objeto o a una suma de dinero (con timbre de prima) que suele tener la forma de un timbre o sello:

El delito de la venta con prima en especie consiste en agregar a la compra productos diferentes de aquellos objeto de la venta, con la excepción de la distribución de pequeños objetos de escaso valor concebidos especialmente para publicidad, aunque se considera lícita si consiste en dinero. La prima puede consistir válidamente en un servicio, tal como el transporte gratuito del objeto vendido al domicilio del comprador. La ley del 20 de marzo del 1951 solo prohíbe las primas en especie que consisten en productos. El Consejo de Estado, en sentencia del 1 de junio del 1956, anuló las disposiciones que prohibían las primas que consistían en productos y en servicios.

La ley del 20 de marzo de 1951 prohíbe la venta con timbres, primas u otros títulos: cupones-primas, sellos-primas, bonos, vales, viñetas y otros títulos de cualquier denominación que den derecho a una prima cuya entrega se difiera con relación a la compra, con excepción de la distribución de títulos que den derecho a un descuento o a una entrega en efectivo.

La venta se denomina “de la bola de nieve” o en “cadena”, cuando el vendedor entrega al comprador bonos por un valor igual al precio del objeto comprado, objetos que debe revender y, a cambio de una relación de compradores de los mismos, recibe uno del mismo precio. Es una venta bajo la condición suspensiva de la venta de los bonos por el comprador. La ley del 5 de noviembre del 1953 castiga con prisión y multa tales ventas o cualesquiera otras análogas.

Sobre el incumplimiento de la obligación de la entrega, los hermanos Mazeaud señalan las dos causas que pueden ocasionarlo:

1era: Fuerza mayor, la cual siempre está a cargo del comprador.

2da: La culpa del vendedor que, sea total o parcial, concede al comprador los derechos con que cuenta todo acreedor de una obligación surgida de un contrato sinalagmático contra el deudor que no cumpla con su obligación, por lo que dispone de tres opciones:

· Alegar la excepción “non adimpleti contractus” (derecho o facultad que se da en las obligaciones recíprocas).

· Exigir el cumplimiento en especie o con un equivalente.

· Pedir la resolución judicial de la compraventa.

El comprador puede negar el pago si no ha abonado el precio en parte o en su totalidad.

El proyecto de ley uniforme sobre la compraventa de objetos corporales mobiliarios reconoce al comprador el derecho de exigir al vendedor el cumplimiento en especie dentro de “un breve plazo”, transcurrido el cual la compraventa queda resuelta de pleno derecho. Si no resulta posible el cumplimiento en especie o si el comprador lo prefiere, puede pedir el cumplimiento en equivalente, el cual consistirá casi siempre en el abono de los daños y perjuicios.

Cuando la compraventa recaiga sobre una cosa genérica, el comprador dispone de un procedimiento particular muy eficaz para obtener el cumplimiento: la compra a un tercero, haciendo que el vendedor suyo le reembolse, cuando no haya cumplido, el precio pagado al tercero, utilizando la facultad de reemplazo, simple aplicación de las reglas de la responsabilidad civil que permiten a la víctima proceder por sí mismo a la reparación del daño y que le conceden derecho al reembolso de las sumas que haya pagado.

Si la compraventa queda resuelta por causa de incumplimiento de la entrega, el vendedor debe restituir el precio que se le haya pagado o las entregas parciales recibidas, aparte del resarcimiento debido al comprador por daños y perjuicios.

El juez, cuando conozca una demanda de resolución judicial de la compraventa, no está obligado a pronunciarla por el solo hecho de darse por probado el incumplimiento: puede ordenar un reajuste, consistente en una reducción en el precio de la cosa por el importe de daños y perjuicios. Tanto la resolución como el reajuste son judiciales. Las partes pueden insertar en el contrato de compraventa una cláusula resolutoria llamada pacto comisorio en cuyos términos el incumplimiento lleva consigo, de pleno derecho, la resolución y el juez no puede negarse a darla por probada.

Acerca de la prueba sobre el incumplimiento de la obligación de la entrega de la cosa, los hermanos Mazeaud

señalan aspectos de tal obligación como son la fecha de la entrega y el estado de la cosa, de donde se desprende que sobre el vendedor recaen dos obligaciones: la de resultado, de la cual se libra probando la fuerza mayor y, la de medios, la conservación de la cosa. Las soluciones para tales asuntos son las siguientes:

· El vendedor que entrega con retraso la cosa en buen estado falta a la obligación de entregar el día señalado y, para librarse, debe probar la fuerza mayor.

· El vendedor que entregue en el día señalado una cosa deteriorada no ha cumplido con la obligación de conservación: el comprador debe probar la culpa del vendedor.

· El vendedor que se niega a entregar sin probar la pérdida de la cosa falta a la obligación de entregar la cosa en el estado en que se encontraba: solo se libera probando fuerza mayor.

La obligación de entregar la cosa convenida tiene obligaciones accesorias: la de conservación y la de información. El vendedor debe entregar la cosa en el estado en que se encontraba cuando el cambio de los consentimientos, por lo que durante el tiempo que permanezca con la cosa de la cual es depositario hasta la entrega, el vendedor queda obligado a velar por su conservación, es decir, a dispensarle “todos los cuidados de un padre de familia”. Por ser esta una obligación de medios, corresponde al comprador probar que se debe a una culpa del vendedor la pérdida o el deterioro de la cosa. Los gastos de conservación de la cosa deben ser reembolsados al vendedor por el comprador convertido en propietario.

El vendedor, conjuntamente con la entrega de la cosa en condición de ser utilizada por el comprador, debe darle todos los informes necesarios para su uso, sobre todo cuando la cosa presenta algunos peligros, debiendo el vendedor prevenir al comprador sobre las precauciones que se impongan como obligación general de seguridad unida a la garantía contra los vicios ocultos.

El comprador que, por falta de las informaciones necesarias haya sufrido un perjuicio, debe exigir la responsabilidad contractual del vendedor demostrando la culpa por él cometida, fácil de probar cuando el vendedor haya descuidado señalar los peligros de la cosa.

POR: ÁGUEDA RAMĺREZ DE RODRĺGUEZ

6 de abril 2020



 
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