El grito vivo de las hermanas Mirabal, a 59 años de sus asesinatos

 

Bustos de las hermanas Mirabal en Casa Museo Hermanas Mirabal en Salcedo, Santo Domingo, República Dominicana. (Archivo/AFP)

La vida me ha enseñado que cuando se intenta asesinar la voz, el mensaje se replica con mayor agudeza.

Fue un crimen tan atroz, un crimen que caló hasta lo más profundo de la sociedad dominicana, que las hermanas Mirabal son un símbolo de resistencia y lucha en la República Dominicana y América Latina

LUNES, 25 NOVIEMBRE, 2019: Minerva tiene 32 años y María Teresa, 25. Ambas se alistan para salir a ver a sus esposos, Manolo y Leandro, a la prisión la Fortaleza, en Puerto Plata, hasta donde fueron trasladados de repente.

Son presos políticos.

Aunque Pedro, el marido de Patria, la mayor de las tres con 36 años, lo habían excarcelado, decide que hará el viaje también.

Son tres hermanas, las Mirabal, activistas contra el régimen del dictador de la República Dominicana, Rafael Leonel Trujillo. Lleva 30 años en el poder, a la cabeza de un gobierno en el que, incluso, había que pedirle permiso para casarse.

Es 25 de noviembre de 1960.

Desde hace un tiempo hay un rumor sigiloso, de esos que el miedo ajusta el nivel del volumen hasta el decibel más bajo, Su contenido es estremecedor: hay una orden de ejecutar a las hermanas Mirabal.

Les han advertido, pero ellas siguen firmes en su lucha. No se dejan amedrentar. No creen que Trujillo sea capaz de matarlas, especialmente porque hacía solo unos días, entre el 16 y 20 de agosto de 1960 y durante la Sexta Conferencia de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos, el dictador dominicano había recibido una condena unánime de sus miembros.

Las hermanas Mirabal provienen de una familia adinerada. Su padre era comerciante y hacendado. Han dedicado sus vidas a luchar activamente contra el régimen de Trujillo. Son madres, entre las tres tienen siete hijos.

Ese día, salen de la finca familiar, en el poblado de Ojo de Agua, en la ciudad de Salcedo. Van en automóvil y Rufino de la Cruz acepta conducir, a pesar del riego y de las advertencias que nacen desde el poderío de Trujillo.

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”, se le oyó decir a Minerva, la más audaz de las hermanas.

Llegan a la prisión La Fortaleza, en Puerto Plata. No es la primera vez que lo hacen y eso le da ventajas a los que conspiran contra sus vidas, estudiando la ruta y los pasos de las hermanas.

Comparten con sus esposos y, contrario a las visitas anteriores, esta vez los guardias de la cárcel dan por terminada la visita abruptamente. Reclaman, pero no hay mucho qué hacer.

Las tres hermanas salen y hacen una parada en la casa de un aliado de causas contra Trujillo en Puerto Plata, José Eugenio Pimente Líster, don Chujo. De sus conocidos y familia, él será la última persona en verlas con vida.

Prosiguen la marcha y a varias millas de la ciudad, al llegar al sector Marapicá, justo en un punto donde hay un puente y una curva, se consuma la orden. Cinco hombres de Trujillo las esperaban en el camino tras el puente. Interceptan el vehículo donde van las hermanas y realizan una emboscada.

Mientras las sacan, Minerva logra escapar y alertar a un camión que pasaba. Le dice al conductor quiénes eran, que iban a ser asesinadas y que le avisaran a su familia antes de ser atrapadas y empujadas a los últimos instantes de sus vidas.

Amenazado por los asesinos, el camión sigue su camino.

Las hermanas Mirabal y el chofer son arrastrados hacia las entrañas de un cañaveral.

Allí, son desnucadas y paleadas sin piedad.

Minerva, Patria y María Teresa son asesinadas. Rufino sufre la misma suerte.

Los verdugos colocan los cuatro cadáveres en el mismo vehículo en el que viajaron a Puerto Plata y al llegar al poblado el Cruce, lanzan el auto con los cadáveres por un precipicio.

Ya era de noche.

Los perpetradores buscan simular un accidente vehicular tirándolos por al abismo. Por eso, no usaron balas. Por eso, no usaron armas blancas. Por eso, usaron los palos para golpearlas hasta el último suspiro de vida.

A la mañana siguiente, los cuerpos de las hermanas Mirabal yacían uno al lado del otro en la carretera. Los vecinos del lugar habían logrado recuperarlos.

“Nada traduce toda la tempestad de mi alma”, llegó a decir en vida Minerva.

La versión oficial: un accidente vehicular.

La versión popular: un asesinato premeditado y planificado al dedillo ordenado por el dictador Trujillo.

La masacre de las hermanas Mirabal tuvo el efecto de sacudir el miedo de la población y darle paso a una indignación a niveles de ebullición. Fue el principio del fin de Trujillo, ejecutado apenas seis meses más tarde, el 30 de mayo de 1961, por grupos organizados tras los asesinatos de estas tres mujeres, activistas y madres.

Fue un crimen tan atroz, un crimen que caló hasta lo más profundo de la sociedad dominicana, que las hermanas Mirabal son un símbolo de resistencia y lucha en la República Dominicana. En 1981, se comenzó a conmemorar el día de sus asesinatos en Latinoamérica y el Caribe, como una forma de proscribir el olvido de eventos que se convierten en hitos de lucha por los derechos humanos. En 1999, la Asamblea General de las Organización de Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Hoy es 25 de noviembre. Hoy, el mundo recuerda, honra, el sacrificio de estas tres mujeres. Hoy, el mundo condena sus asesinatos, hace ya 59 años. Hoy, el mundo no ha logrado erradicar esa violencia, pero sí le ha dado voz.

Los datos más recientes de la ONU son reveladores y alarmantes:

-Una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental.

-Solo el 52% de las mujeres casadas o que conviven en pareja decide libremente sobre las relaciones sexuales, el uso de anticonceptivos y su salud sexual.

-Casi 750 millones de mujeres y niñas que viven hoy día se casaron antes de cumplir 18 años, mientras que al menos 200 millones de ellas se han visto sometidas a la mutilación genital femenina.

-Una de cada 2 de mujeres asesinadas en 2017 murió a manos de su compañero sentimental o un miembro de su familia. En el caso de los hombres, estas circunstancias se dieron en uno de cada 20 hombres asesinados.

-El 71% de las víctimas de la trata en todo el mundo son mujeres y niñas, y 3 de cada 4 de ellas son usadas para la explotación sexual.

-La violencia contra la mujer es una causa de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad reproductiva tan grave como el cáncer y es una causa de mala salud mayor que los accidentes de tránsito y la malaria combinados.

A los cuerpos de las hermanas Mirabal les arrebataron la vida. A sus voces y acciones, no pudieron palearlas y ejecutarlas. Son de ese selecto grupo de seres humanos que sacrifican la vida por lo que creen.

Hoy, es 25 de noviembre. Hoy, hay que hacer introspección.

Por Mabel M. Figueroa Pérez - Puerto Rico

Tomado de El Nuevo Día de Puerto Rico
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