Victoria totalmente legítima la de Canelo

canelo conetca un fuerte golpe en el rostro a Golovkin 


16 SEPTIEMRBE, 2018: No hubo justicia ni injustcia en Canelo-Golovkin 2, tras otros doce asaltos intensos, emotivos e históricos, la victoria fue para el mexicano, pero el resultado parece quedar en segundo lugar y debería ser considerado una anécdota que nuevamente dividirá a unos y a otros. La duda persistirá por siempre, pero más allá de esa controversia sin fin, lo más importante fue la épica batalla que nos regalaron Gennady Golovkin y Saúl “Canelo” Alvarez.

Una pelea que tuvo todos los ingredientes para cautivar de principio a fin, que fue “una guerra en clima de guerra” como lo suponíamos de antemano y que consiguió sorprendernos, cuando no esperábamos una sopresa.

Una batalla distinta a la anterior, donde fue tan importante el trabajo de los púgiles como el de las esquinas. Fue una guerra de estrategias, pero también un choque de estilos de pelea “cambiados”, un desafío al control mental, a la resistencia física, a la asimilación y a los riesgos calculados.

En ese juego de ajedrez, el que sorprendió fue Canelo y en esa sorpresa empezó a ganar la batalla. Golovkin no fue el Golovkin de siempre y a ese estado de intermitencia lo llevó el plan de Canelo. Ese plan emparejó el combate y obligó a imaginar un nuevo empate. Un resultado que pudo ser posible, como también pudo ser posible una victoria de GGG. Cuando se queda por cuenta de los jueces en peleas cerradas, se debe aceptar todos los resultados. La apreciación no respeta fanáticos ni deseos.

LAS RAZONES DE LA VICTORIA

Saúl Alvarez dijo que tomaría riesgos y lo hizo. Desde el primer asalto. Ocupó el centro del ring, no le tuvo respeto al poder de GGG y puso toda la carne en el asador. Golpes de poder arriba y a la zona media. Al segundo asalto GGG estaba con el pómulo inflamado y al tercero ya estaba jalando aire. No solo eso, a cada andanada de golpes a la zona media del kasajo, este se doblaba, bajaba el codo izquierdo y sufría con el ataque a su zona blanda.

AP Photo/Isaac Brekken
Al cuarto asalto recién llegó la reacción del campeón, cortó a Canelo y la insistencia de su jab empezó a dar resultados. Lastimó a Canelo que a esa altura sangraba por la nariz. Se vieron desde entonces buenos momentos de intercambio, cada asalto que terminaba era una duda más a quienes gustan de estimar un ganar según los golpes lanzados o los golpes acertados. Era imposible definir ganadores tomando esos patrones.

El final nos dio la razón. Al final de la pelea y al igual que en la batalla anterior, otra vez GGG lanzó más, pero otra vez Canelo acertó mejor. Las diferencias sustanciales, quizás, estuvieron en el control de la pelea. El tapatío tuvo más tiempo ese control efectivo, es decir, poniendo presión y lanzando mejores golpes. También sus mejores golpes de poder llegaban a destino y también GGG acusaba recibo de los mismos. No por un acaso, fue Golovkin el que terminó amarrando y evitando el tú por tú.

El mexicano se vio poderoso y el kasajo se mostró por momentos vulnerable. Allí empezó a ganar la pelea. Cuando los asaltos son tan cerrados, la actitud suele ser un componente básico para convencer a los jueces, así como el púgil que se haya llevado la foto final del asalto o el que haya lanzado el mejor golpe, el que lastimó o conmovió o mudó el rumbo del episodio.

En ese aspecto, Canelo tuvo mucho cuidado en devolver todo lo que le lanzaron y en general, absorbió cada golpe de Golovkin sin mostrarse lastimado. También en lo físico, prevaleció la condición de Canelo.

Son elementos que en general, cuentan menos a la hora de los conteos. Pero lo dicho, era una pelea cerrada y esta vez sí contaron.

La otra razón de enorme valor, fue el trabajo táctico. Se vio claramente quién había trabajado de mejor manera el ajedrez previo y de qué forma se abordó el plan de pelea. Fue perfecto en Canelo, no le alcanzó en GGG. Lo sorprendieron temprano y no tuvo un plan B adecuado.

LAS RAZONES DE LA DERROTA

GGG tiene 36 años y su carrera está en leve declive desde hace un tiempo. Su capacidad de asimilación y estado físico es un mérito a esa edad, pero ante un rival ocho años más joven ello pesa y mucho.

Tampoco tuvo la capacidad de dominar el ring y le faltó condición para lastimar con sus golpes de poder. Canelo lo mantuvo ocupado todo el tiempo, le rompió el balance mental y le obligó a trabajar en territorio hostil.

La pelea se le complicó y no la supo resolver. Así la vieron los dos jueces que le otorgaron la victoria. Así no la vimos muchos de los que presenciamos el pleito, pero las diferencias en el punto de vista caen en el margen de error elemental de cualquier pelea pareja. Estaba para cualquiera y se la llevo el mexicano.

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Es verdad que Canelo erró mucho, es verdad que se frenó en algunos lapsos y es verdad que fue demasiado frontal a la hora de buscar lastimar a GGG. No obstante, cuando logró conectar sus ganchos, lo hizo de mejor manera y su jab fue por momentos más efectivo que el de su rival.

En suma, esta pelea marcará un claro antes y después para muchas cosas. En primer lugar, si GGG no reclama una tercera pelea, no le vemos ya futuro en los medianos. Desde esta noche el hombre a vencer será Canelo. Se lo ganó en buena ley y el futuro se ve maravilloso para su carrera.

La gran pregunta será, ¿ahora unificará contra otros campeones? ¿Intentará por fin hacer historia enfrentando y venciendo a los mejores? Su legado le impone esa obligación, pero el futuro no está escrito. Por lo pronto hay un presente muy enorme y en ese escenario Saúl “Canelo” Alvarez volvió a ser campeón en una pelea que pudo perder o empatar, pero fue una victoria totalmente legítima.

Por Bernardo Pilatti | ESPN Digital

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