Relatos sobre el huracán San Zenón que azotó la capital en 1930


Transcurrían los primeros días del mes de septiembre de 1972 y asistíamos a la sesión regular del Club Rotario Santo Domingo. Llegó don Felito Veloz y luego de echar la vista sobre el salón, se dirigió hacia la mesa en la cual estábamos sentados.

Por lo regular, desde el momento de sentarse, sacaba a flote su gran capacidad histriónica. Esta noche no sería distinta a las de otros martes.

De manera que, desde el momento de recordarme que San Zenón acababa de cumplir otro año de su paso por la capital, me dispuse, sobre todo, a reír. Porque don Felito tenía una gracia extraordinaria para envolver en humor los relatos más serios.

Me recordó que el ciclón es conocido por el nombre de un santo, San Zenón. Y añadió: -En el primer año y durante varios años más tarde, cuando hablábamos de ese ciclón, sencillamente se mencionaba por el día de su paso por la ciudad. Se decía el ciclón del 3 de septiembre.

Años más tarde se comenzó a hablar de él, como el ciclón de San Zenón y si te hablara ahora del ciclón del 3 de septiembre, a lo mejor no sabrías de qué te hablo. En cambio, digo San Zenón, y sin mencionar ese fenómeno, tú sabes a qué me refiero.

Don Felito y sus hermanos, dueños del Laboratorio Veloz, de la calle Sánchez, en la Ciudad Colonial, ya fallecieron. Pero mi recuerdo de cuanto me habló del nombre del más famoso huracán del siglo XX, no ha desaparecido. Decidí, pues, procurar algunos años los documentos.

La búsqueda me condujo al libro “Vida de los Santos, de Butler”, edición de 1964. Una sorpresa inicial la recibí al buscar el 3 de septiembre y advertir que el nombre de San Zenón está ausente de las celebraciones del día.

Así que me trasladé a una publicación más sencilla, cual es el “Almanaque de Bristol”. Saqué, de la colección, un ejemplar cualquiera. Mi sorpresa, grande ante el voluminoso diccionario de Butler, fue mayor aún ante el popular almanaque obsequiado, antiguamente, en las farmacias. Ni siquiera aparece el nombre de San Zenón en este folletito.

Al menos, en la obra de Butler, el nombre de San Zenón aparece el día 8. De él, y de sus hermanos Néstor y Nestabo, relata Butler las horrendas palizas y otras formas de tortura aplicadas para obligarlos a renegar de sus creencias en el cristianismo.

Acusados de incendiar un templo en Gaza, los tres fueron decapitados. Eso ocurrió, conforme la tradición y leyendas a las cuales tuvo acceso el autor, hacia el 362 después de Cristo,
Su recuerdo lo guarda la Iglesia para ese 8 de septiembre, día también consagrado a la Natividad de la Virgen María y a una fiesta particular de ella, la de su advocación como Nuestra Señora de Coromoto, patrona de los venezolanos.

Con esta información a mano, descartado el día 3 como probable razón para que ese huracán tuviese el nombre de ese santo, recurrí a publicaciones oficiales. En los “Discursos, Mensajes y Proclamas”, tomo I, años 1930 a 1934, aparecen tres menciones de Rafael L. Trujillo sobre el terrible huracán. El día 5 de septiembre, Trujillo emite una declaración en la cual se solidariza con quienes perdieron familiares y sus casas. Señala que, transcurridos los momentos inmediatos al paso de las lluvias y los vientos, ordenó una serie de acciones para ayudar a los más perjudicados.

Es, repito, el día 5. Y afirma Trujillo que el dañino fenómeno natural asoló la ciudad y otras poblaciones cercanas, dos días antes. Alude a él, como el devastador ciclón del 3 de septiembre.

El día 8 publica otro pronunciamiento y pide a los capitaleños que, en la medida de lo posible, inicien el proceso de reconstrucción de sus viviendas. Se refería, como causante de daños, al ciclón del 3 de septiembre.

El 8 de octubre dedica un banquete a Ellicot Wadsworth, enviado del Presidente de Estados Unidos de Norteamérica, y en un discurso agradece la ayuda prestada a los damnificados del ciclón del 3 de septiembre.

En ese momento cita las ayudas recibidas de Cuba, Venezuela, México, Puerto Rico y Haití, ante los daños ocasionados por el ciclón del 3 de septiembre.

Relató cómo las tripulaciones de los cruceros Dánae, de Gran Bretaña y Arend, de Holanda, prestaron ayuda material y de trabajo, a las familias afectadas “por el ciclón del 3 de septiembre”.

En ningún momento hablaba, como me dijo Don Felito que era propio de aquellos años, del ciclón de San Zenón, cuyo día de recordación, además, no es el 3 de septiembre, sino el día 8 de ese mismo mes.

Pedro Gil Iturbides escribeapedro@yahoo.es,
09 Septiembre, 2018.-

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