LA FRASE QUE OMITIÓ ADRIANA MACIAS


Mientras le comunicaba a mi esposa que la sociedad Sam de la que soy miembro hace muchos años, había decidido hacer la asamblea mensual en un hotel de esta ciudad, para aprovechar que estamos en el mes de mayo en donde se celebra el día de las madres, y celebrar en esa asamblea la festividad para las esposas de los socios.

La actividad era para el nueve de mayo, mientras le comunico esto, la siento pensativa, pues el nueve de mayo caía miércoles y los miércoles ella y yo vamos a la iglesia la mayoría de veces, pero la concentración de ella, pienso que se debía al hecho de que me había dicho que me tenía una sorpresa que sería de mi agrado.  Me entregó un sobre blanco, con una tarjeta dentro, a la que no le dispensé 

mucha atención en principio.

Yo hablaba y su lenguaje no verbal me transmitía un ¡ya cállate y abre el sobre! agradable realmente fue para mí, el sobre contenía una invitación para que acudiera a la presentación en el Centro de Eventos y Convenciones del Ministerio de Relaciones Exteriores, a la conferencia de Adriana Macías sobre inclusión, que organizó con el auspicio de varias instituciones estatales la Fundación Corazones Generosos, que efectivamente estaba pautado para el día nueve de mayo también a hora casi coincidentes.

Y…, ¿por qué sabia mi esposa que estar en la conferencia de Adriana seria para mi muy agradable? Porque ella sabe y conoce que en el seminario Gradúalos de Persona, que imparto con mucha frecuencia, desarrollo un segmento sobre resiliencia (desarrollo de las capacidades para sobreponerse a las adversidades), en donde Adriana Macías, Jessica Cox, Bárbara Guerra, son protagonistas. 

Estas por su condición de mujeres con la carencia de los brazos; las dos primeras como producto del síndrome de Amelia, la última por haberlos perdido cuando era una niña producto de un accidente eléctrico y Nick Vujicic, por no tener ni brazos ni piernas y todos ellos han llevado sus vidas más allá de los límites. Ellos constituyen la imagen viva de la resiliencia.

Pero bien… ¿Qué tienen estos que ver con la frase omitida de Adriana? ¿Cuál fue esa frase, por qué la omitió?

La frase de Adriana, que he convertido en una de mis favorita es:  “cuando uno sueña, puede lograr cualquier cosa que te propongas, Yo he aprendido que en la vida y de la vida, no hay que esperar nada, en la vida hay que ir al encuentro de todo´ Yo lo interpretaba como que hay que hacer que las cosas sucedan.

Me quede esperando esa frase, al observar que se daban las pinceladas finales para el cierre, levante la mano a ver si me daba la palabra, pero no sucedió.

Pregunto nuevamente: Por qué Adriana omitió esa frase que es el buque insignia hacia la automotivación. No lo sé.  Ella y Dios lo saben con toda seguridad, mientras, yo voy a hacer un pequeño ejercicio de deducción lógica o de especulación.

Adriana contó sobre su boda, su decepción con su primer novio y la mágica maravilla del encuentro de su hoy esposo. Contó también sus deseos y temores por tener un hijo y se dispuso hacer que las cosas sucedan. Hizo naturalmente lo que tenía que hacer, pero no sólo ese método, sino que al no llegar en el tiempo que se suponía debía producirse, (pienso yo, esto no lo dijo ella), quiso vivir su filosofía de ir al encuentro, por lo que se sometió a un tratamiento doloroso y costoso, según expresó y por mucho tiempo; pero que no arrojó ningún resultado positivo.

Según ella, su afán llegó a un estado obsesivo, a tal punto que su esposo le pidió que parara. Le manifestó que ya él no podía verla sometida a esa angustia, que ya no podía acompañarla en esa “búsqueda obsesiva”.  A regañadientes Adriana aceptó y suspendió el proceso, y un par de años después cuando no lo buscaba, el milagro del embarazo sucedió.

Se dio, porque cambió esa acción compulsiva por oración fe y meditación. Como consecuente, la vida dio cuando ya no se esperaba.  Por eso, creo que omitió la frase porque la vida le demostró a ella y a mí, que seguía la frase, que estábamos equivocados, que, si pones primero las cosas en manos de Dios, de la vida que es Cristo, con fe, la vida te da, aunque ya no esperes.  Ahora bien; si aún el mismo Dios te hace promesa, como le prometió a Abraham y su descendencia, tierra que manará leche y miel, no olvidemos que también le ordenó ir en busca de ella y pagar en sacrificio, esfuerzo y lucha lo que tenían que pagar para obtener lo que ya Dios le había prometido. El señor nos manda a no afanarnos, pero el no afán, no significa bajo ningún concepto inercia o pasividad absoluta. Todo lo contrario, nos manda a esforzarnos y ser valientes. (Josué 1:9)

Dios te da el gran regalo de la salvación eterna (la eternidad existe, pero con la humanidad corruptible que llevamos no podemos transitarla) y nos regala también la liberación terrenal (aunque haya problemas transferimos a él las angustias y cargas), pagados ya por Jesús el Cristo; en la Cruz del Calvario.  Es un regalo, pero Él te pone en condición algo que es simple, pero que requiere una enorme voluntad y un sacrificio desde el punto de vista humano, y es que la acepte y permita que el transforme tu vida, El, porque tú sólo puede poner la voluntad y recorrer el camino con esa fuerza, porque lo demás, lo demás…, lo pone El, Quien afirma ser, ya como Dios y hombre, el camino, la verdad y la vida. Por eso, si bien no esperes nada de la vida, pon tu voluntad y espéralo de Dios y Él hará. Visto así, no te quedes sentado, ve al encuentro de lo que ya Dios ha dispuesto para ti. Cultiva con su ayuda también la paciencia para esperar el tiempo que tienes y debes esperar, porque todo tiene su tiempo, todo tiene su hora debajo del sol.

Hasta la próxima.

Dario Nin. centropersona[dn1] @hotmail.com

11 Mayo, 2018.-
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