La Batalla de Las Carreras narrada por Fco. del Rosario Sánchez


La Comisión Permanente de Efemérides Patrias (CPEP), presidida por el licenciado Juan Daniel Balcácer, no solo celebra con sospechosa timidez el triunfo de la Batalla de Las Carreras, sino que oculta el accionar militar y patriótico del héroe indiscutible de esa hazaña bélica, general Pedro Santana. De no haber sido por una victoria de tanta importancia, hábilmente capitaneada por Santana el 21 de abril de 1849, la nacionalidad dominicana habría desaparecido junto a la República, que por igual habría sucumbido por segunda vez bajo el poder de la dominación de Haití.

Pero algo más grave aún se descubre cuando accedemos al portal de la CPEP y comprobamos con asombro que en lugar del general Santana, quien figura como el líder que condujo a los dominicanos a la victoria en la Batalla de Las Carreras, es el general Antonio Duvergé. Y sucede así, pese a ser un hecho suficientemente demostrado que el general Antonio Duvergé fue precisamente el jefe del ejército del Sur responsable del desastre militar que estuvo a punto de hundir la dominicanidad, de no haber sido por la intervención oportuna del general Santana en aquel momento de tanto peligro para la nación.

En otros países amparados por el funcionamiento de un sólido andamiaje institucional, esa burda mentira o estafa del valor histórico de un personaje clave de la independencia, se habría convertido en un escándalo mayúsculo y hasta habría concitado un amplio movimiento de rechazo exigiendo la dimisión de todos los integrantes de la referida Comisión de Efemérides Patrias, o por lo menos de su presidente, por haber incurrido en el grave delito de ocultar y falsificar la verdad histórica.

Concediéndole no obstante el beneficio de la duda y suponiendo por tanto que el presidente de la CPEP haya sido sorprendido en su buena fe, ignorando en consecuencia la barbaridad cometida en el seno del organismo bajo su dirección, entonces lo mínimo que debería hacer, tanto por delicadeza como por deber ético, sería darle a la sociedad una explicación convincente y pedirle disculpa en nombre del pleno de la Comisión que preside.

Como acabado historiador, que sin dudas lo es, el licenciado Balcácer debe conocer muy bien el  testimonio firmado por el prócer Francisco del Rosario Sánchez sobre la Batalla de Las Carreras en el que el ilustre patricio narra los aciertos del general Pedro Santana y el don de mando que le permitió no solo revertir la desbandada de nuestro ejército, dirigido entonces por el general Duvergé, sino reunificarlo, levantarle la moral y conducirlo personalmente a una victoria segura.

Por tratarse de un testigo presencial de incuestionable reputación, que como lugarteniente del general Pedro Santana, al igual que el general Ramón Mella tomó parte activa en la Batalla de Las Carreras, resulta, además de valioso, de gran necesidad para la preservación de la verdad histórica, reproducir aquí el testimonio del insigne patricio Francisco del Rosario Sánchez. Veamos lo que con sus propias palabras nos dice el prócer sobre aquel glorioso hito de nuestra guerra de independencia:

“Cuando la invasión de Soulouque, me hallaba en la Capital desempeñando el cargo de comandante de Armas. Luego que supe la noticia de que el enemigo se había posesionado de Azua sin que se le opusiera la resistencia que era de esperarse, al ver que el general Santana iba a bajar al teatro de la guerra, pedí voluntariamente al ministro de la Guerra, que lo era entonces el general de División Ramón Bidó, me reemplazara en el puesto que ocupaba y me diese mi orden de ruta para salir con las tropas que pudiese recoger, a ponerme a la disposición de los generales Pedro Santana y Antonio Duvergé que eran los que mandaban el ejército de operaciones.

Salí y me detuve tres días en San Cristóbal para incorporarme en el batallón de ese puesto que mandaba el comandante Juan M. Albert. No habiéndose verificado la reunión de este cuerpo por la desmoralización que había cundido en nuestras tropas a causa de la fuga de Azua, seguí mi marcha hasta llegar a Baní donde recibí una orden escrita, del general en jefe del ejército Pedro Santana, que conservo todavía, para que entregase las tropas que tuviese bajo mi mando al teniente coronel Dionicio Cabral, el cual debía conducirlas al Portesuelo donde había mayor necesidad de ellas. Conformándome a las órdenes del jefe como debía, verifiqué dicha entrega el mismo día que recibí la orden y continué siempre, hasta llegar a la presencia del general Santana, que se encontraba en Sabana Buey.

Esa misma noche desampararon nuestras tropas el puesto del Número, que eran las Termópilas de la República. El general Duvergé que había sostenido ese mismo día un combate heroico, y que se hallaba esa misma noche en compañía del general Santana, antes de recibir la noticia de que las tropas bajo su mando inmediato habían desamparado el puesto en su ausencia, puede decir cuánto le supliqué para que me tomase en su compañía y volviese al Número, cuyo lugar era en ese momento el punto de combate, pero este guerrero se hallaba quebrantado en su salud a causa de las fatiga de la guerra, y se retiró al pueblo de Baní.

Entonces fue cuando el general Santana, aparte de las medidas saludables que ya había tomado para mejorar el orden de campaña, dio principio a sus ingeniosas y felices operaciones sobre el campo de Las Carreras, incorporando en el ejército de acción hasta su propia guardia por la escasez de tropas, y todas ellas se encaminaron a marcha forzada bajo el mando de los generales Merced Marcano, Bernardino Pérez y Abad Alfau, a conquistar en el campo de Las Carreras bajo el mando inmediato y en presencia del general Santana, los laureles inmarcesibles que deben coronar las sienes de los libertadores de la Patria.

El general Ricardo Miura está muerto, pero el general Pascual Ferré está vivo, y otros muchos que presenciaron lo que voy a referir: Yo reclamé al general Santana que por mis derechos de antigüedad debía confiarme el mando de una división de las que iban a batirse. Este reclamo le reiteré, allí donde no se habla mentira; allí donde se distinguían los colores de las banderas enemigas, pero el general Santana me contestó que quería que yo anduviese en su compañía y estas mismas palabras las repitió en su memorable proclama al ejército en el campo de Las Carreras. Así permanecí muchos días (apenas transcurrieron cuatro días del combate del Número al de Las Carreras, y Santana llegó a este último lugar la víspera de la batalla) hasta que por motivos que no son del momento enunciar, tomé mi pasaporte del general Santana para la capital.

En mi marcha me detuve en Baní, y tan pronto como se distinguió en este pueblo el cañoneo del enemigo me preparé y temprano hice contramarcha, acompañado con el coronel Tabera para volverme a juntar con el general Santana, pero las disposiciones que éste había tomado fueron tan acertadas que la presencia del enemigo en el campo y su destrucción fue el golpe de un rayo.”

Hasta aquí el espontáneo relato testimonial firmado con su propio puño y con sus propias letras por el general Francisco del Rosario Sánchez. Volviendo al general Pedro Santana, en su informe dirigido a toda la nación el día 13 de mayo de 1849, tras su contundente victoria en Las Carreras, ese general decía lo siguiente: “Mas ¡quién lo creyera!…Ni aun publicaron los partes que yo daba anunciando el triunfo; y si lo publicaron a cabo de semanas, devorados por una vergonzosa envidia, malintencionadamente ocultaron nuestro nombre…”,

Que nuestra Comisión de Efemérides Patrias, a los ciento sesenta y nueve años de aquella gloriosa gesta, persista en el error, no solo de ocultar el nombre del héroe, sino de suplantarlo, es un despropósito inaceptable.

 Por NASARQUÍN SANTANA
EL AUTOR es economista y ensayista. Reside en Santo Domingo.
22 Abril, 2018.
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