Bebé mexicano de 10 meses pesa más de 60 libras

Bebé de 10 meses que pesa más de 60 libras (Fuente externa)


EN MÉXICO, 12 Noviembre, 2017:  Con solo diez meses, Luis Miguel pesa 28 kilos y es porque, según el diagnóstico divulgado por el cardiólogo mexicano Gustavo Orozco, padece obesidad perinatal por inflamación celular derivada de una deficiencia de grasas en la sangre y la leche materna.

“La inflamación celular es un fenómeno que hace que el niño crezca de manera desordenada y que en valores muy altos puede ser exagerada, como es el caso”, explicó el doctor, que al realizar el perfil de inflamación celular observó un nivel fuera de lo normal, 23 puntos frente a los 6 que presenta un bebé sano.

Este resultado llamó la atención del equipo médico del Instituto de Investigación de la Inflamación de Guadalajara, y les llevó a inferir que lo que originaba esto es una grasa Omega 3 denominada EPA. El valor normal de esta grasa en los niños es del 6 %, mientras que el bebé -que nació con un peso de 3,58 kilos y 53 centímetros- presentaba un valor del 0,65 %, lo que se traduce en una deficiencia del 93 % de esta grasa antiinflamatoria.

El análisis permitió identificar un nivel muy bajo de DHA Omega 3, una sustancia que “tiene que ver con la función cerebral, pero también con el metabolismo”.

Estas grasas se las otorgan las madres a los niños a través de la leche materna. Sin embargo, el niño presentó unos niveles de DHA del 3,12 % cuando lo normal es el 7 %. Esto se traduce en una deficiencia del 56 % de DHA, cuyo origen apunta a la madre del niño, Isabel Pantoja.

Esta sustancia presente en la leche materna es la que activa el metabolismo y, por tanto, evita la obesidad en los bebés, explicó Orozco. Dicho resultado llevó a realizar una prueba adicional enviando una muestra de hormonas tiroideas a la Clínica Labrix, en Estados Unidos, ya que en México no se realiza dicho análisis.

La hormona tiroidea T3 libre es responsable de que el metabolismo suba, pero necesita de la grasa DHA para realizar esta función. El niño, según las pruebas realizadas por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), tiene los niveles de T3 normales.

“Las pruebas del IMSS miden los niveles de T3 y T4 total y libre, pero no miden T3 reversa, que es la responsable de reducir el metabolismo”.

Así, la prueba realizada en EEUU reveló que los niveles de la hormona T3 reversa son altísimos y, al realizar el índice metabólico correspondiente a los resultados, se descubrió que “Luis tiene una disminución del metabolismo del 89%”.

Todo encajó: “Este fallo en su tiroides es ocasionado por la deficiencia nutricional de DHA y de EPA en su leche materna, que también se refleja en la sangre del niño”. Los científicos realizaron un análisis de la sangre de Pantoja, observando que la deficiencia de DHA en sangre era del 1,9% cuando debe ser del 7%. “La calidad de la leche es mala porque la mamá no tiene en la sangre esa grasa”, ya que presenta “una deficiencia del 73% de esta grasa protectora de obesidad”, apuntó.

Así, el origen de todo es el embarazo. La mamá no recibió los suplementos alimenticios suficientes durante el periodo de gestación. Ella ingirió “ácido fólico y hierro, en lugar de las grasas Omega 3 que necesitaba”.

En los primeros mil días desde que se concibe un bebé se determina quién será obeso y quién no “Esto se llama programación fetal a la obesidad”, aseveró el experto, quien explicó que en “los primeros mil días desde que se concibe un bebé se determina quién será obeso y quién no”.

El próximo jueves Orozco comunicará a la madre del bebé -que a los dos meses ya pesaba de 9 a 10 kilos- el diagnóstico y comenzará a dar dosis líquidas de Omega 3, que equivalen a 10 gramos de EPA y DHA. A esto le agregará 25 microgramos de hormona tiroidea T3 en tabletas masticadas en la mañana como dosis inicial.

“Esperamos que en 3 meses logre reducir el 40% de exceso de grasa corporal, con unas posibilidades de éxito del 40%”, afirmó.

Habrá que esperar unos meses para saber si existe mejoría en el caso del pequeño, cuya madre dice que es risueño, “ya balbucea, patalea” e incluso “dice papá y mamá”.

Pese a que no la deja dormir por las noches, Isabel no ha perdido la esperanza, pero confiesa que “el miedo está ahí”.   /El Caribe/.

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