OPINION: Municipio de Oviedo de luto está


«La madre, esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida». José Martí

Hoy Oviedo recibió en su seno a una ilustre mujer que a lo largo de ochenta y siete años gravitó por esta maravillosa Isla. El marcapaso de la historia dominicana afirma que el municipio de Oviedo de la provincia Pedernales de la República Dominicana es el pueblo más al sur de la isla. Está ubicada al noroeste de la Laguna de Oviedo, y se limita al norte con la provincia Barahona y el municipio cabecera Pedernales, y al sur, oeste y este con el Mar Caribe. Fue declarada municipio en el año 1957 tras la creación de la provincia Pedernales. En 1966, este poblado fue destruido por el Huracán Inés, y luego fue reconstruida más alejada de la Laguna de Oviedo.

Hube de recibir la noticia del propio Nelson Encarnación. Nelson Encarnación que ha sido un soldado del periodismo y amigo y hermano personal de vieja data, me notificó la infausta noticia de que su madre había fallecido. Me dijo que la pondrían en la Funeraria Blandino de 8:00AM a 11:00AM. Yo que vivo a 8 minutos del aeropuerto internacional Las Américas me alisté para estar a tiempo allí acompañando al amigo y compañero de profesión. Jamás pensé desde el día que conocí a Nelson que estaría a su lado dándole apoyo en la despedida hacia el más allá de su querida y amada madre, Cástula Encarnación.

Legué a la funeraria temprano. Nelson no había llegado. Los familiares comenzaban a llegar. Cuando abrieron la puerta de la capilla, allí estaba tendido un bastión de mujer que había dejado su huella familiar por más de 7 décadas. Varios amigos del gremio periodístico, del mundo diplomático y gente común y corriente se agolpaban allí para decir un «hasta luego». Hubo de llegar Altagracia Salazar la noble periodista; la esposa de Melvin Mañón; el entrañable amigo Ruddy González. Todos fueron allí a estar con el amigo; con el hermano. Todos sentados allí vivíamos un espectáculo triste y desolador. Los gritos familiares contagiaban. Los sollozos volaban y se estremecían en el Municipio de Oviedo. A las once de la mañana el cortejo fúnebre emprendería el viaje rumbo al Sur Profundo.

Quizás en esa caravana de despedida, el olor a la naturaleza de la laguna de Oviedo, el segundo cuerpo de agua más grande de la República Dominicana que forma parte del Parque Nacional Jaragua, acariciaría por última vez el cortejo en la lejanía. Además de sus playas (Playa Blanca y Mosquea), destacadas por sus aguas saladas de color verdoso causada por sedimentos de caliza arrastradas por el flujo de agua subterránea, también decía un hasta luego a Doña Cástula. Se sentía la quietud del momento entre su fauna y decenas de especies de aves endémicas y acuáticas.

Cuando en la ciudad de Miami conocí a Nelson Encarnación fluyó una amistad inquebrantable entre ambos por todo estos años. Hemos desempeñado funciones gubernamentales diversas en diferentes lugares del Planeta. Hemos estado en comunicación y en reuniones saludables; en jornadas difíciles al paso por esta vida. Jamás pensé en aquella época que estaría junto a él en la despedida luctuosa de su madre. La vida es un laberinto que cada día uno amanece con la flor de Jazmín en la mano y también con la lúgubre realidad que la muerte nos depara como parte de la vida. Una madre insustituible se ha ido. Una familia ejemplar, cimentada en la fe de Cristo, experimenta el vacío transitorio, pero se consuela en la seguridad del reencuentro en las moradas eternas.

Los otros, los que tenemos el afecto y privilegio de la amistad de Nelson Encarnación, también le rendimos a su madre, como homenaje, la rosa blanca del recuerdo imperecedero.

Por DANIEL EFRAIN RAIMUNDO. EL AUTOR es comunicador. Reside en Cotuí.
24 OCTUBRE, 2017.

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