LEGISLACIONES ANTIGUAS. Código de las siete partidas. Séptima V (16 de 21)


Los títulos 29, 30 y 31 de la séptima partida y algunas de sus leyes, comentadas por el Dr. Potentini Adames en su obra Legislaciones antiguas comentadas, tratan los siguientes temas: De cómo deben ser recaudados y guardados los presos, De los tormentos, y De las penas y de las naturalezas de ellas.

TÍTULO 29: De cómo deben ser recaudados y guardados los presos. Recaudados deben ser los que fueren acusados de tales yerros que si se los probasen, deben tomar muerte por ello o ser dañados en algunos de sus miembros, y no deben ser estos tales dados por fiadores, porque si después ellos entendiesen que el yerro les era probado, con miedo de recibir muerte o daño por ellos, huirían de la tierra, o se esconderían de manera que no los podrían hallar para cumplir en ellas la justicia que deben haber.

Atrevidos son a veces los hombres a hacer por sí, sin mandado del rey, cárceles en sus casas o en sus lugares para tener los hombres presos en ellas y esto tenemos por muy gran atrevimiento y por muy gran osadía, ya que van en contra de nuestro señorío los que de esto se trabajan. Y por eso mandamos y publicamos que de aquí adelante no sea osado ninguno de hacer cárcel nuevamente ni de usar de ella aunque la tenga hecha; y no pertenece a otro hombre ninguno poder mandar hacer cárcel ni meter hombres presos en ella, sino tan solamente al rey o aquellos a quienes él otorgase que lo puedan hacer.

TÍTULO 30: De los tormentos. Tormento es manera de pena que hallaron los que fueron amadores de la justicia para escudriñar y saber la verdad por él de los malos hechos que se hacen encubiertamente, que no pueden ser sabidos ni probados por otra manera, y tiene muy gran provecho para cumplirse la justicia y por los tormentos saben los jueces muchas veces la verdad de los malos hechos encubiertos, que no se podrían saber de otra manera. Las maneras de los tormentos son muchas, pero las principales son dos: heridas de azotes, y colgando al hombre que quieren tormentar de los brazos y cargándole las espaldas y las piernas de lorigas o de otra cosa pesada.

Atormentar los presos no debe ninguno sin mandado de los jueces ordinarios que tienen poder de hacer justicia de ellos, los cuales los jueces no los deben mandar atormentar luego que fueren acusados, a menos de saber antes presunciones o sospechas ciertas de los yerros sobre los que son presos. No debe someterse a tormento:

· Ninguno que sea menor de catorce años.

· A caballero, ni maestro de leyes o de otro saber, ni a hombre que fuese consejero señaladamente del rey o del común de alguna ciudad o villa del reino, ni a los hijos de éstos, siendo los hijos hombres de buena fama, por honra de la ciencia o por nobleza que tienen en sí.

· A mujer que fuese preñada hasta que para, aunque hallasen señales o sospechas sobre ella, por razón de la criatura que tienen en vientre, que no merece mal.

Si los presos, después que fueren sometidos a tormento hubieren dicho lo que supieren sobre aquello por lo que los atormentaron y hubieren escrito los dichos de ellos, débenlos tornar a la cárcel o a la prisión en donde solían estar antes que los atormentasen. Y aunque alguno de ellos conociese cuando los atormentaban aquel yerro sobre el que lo metieron a tormento, no

lo debe por ello el juez mandar ajusticiar luego, mas tenerlo en la prisión hasta otro día y después hacer que lo conduzcan otro día ante él y, si perseverase en aquello que entonces dijo y lo conociese, débelo entonces juzgar y mandar que hagan de él la justicia que el derecho manda.

Si antes que hagan la justicia del preso hallare el juez en verdad que aquello que conoció no era así, mas que lo dijo con miedo de las heridas, o por despecho que había porque lo herían, o por locura, o por otra razón semejante de estas, débelo librar. Si otro día negase delante del juez lo que conociera cuando lo atormentaban, si este fuese hombre a quien atormentasen sobre hecho de traición o de falsa moneda o de muerte de hombre o de hurto o de robo o de otro yerro grande, puédelo meter a tormento aún dos veces en dos días departidos.

Si lo atormentasen sobre otro yerro ligero, débenlo aun meter a tormento otra vez; y si entonces no reconociera el yerro, debe el juez darle por libre, porque el conocimiento es hecho en el tormento, si no fuere confirmada después sin apremios, no es valedero.

TÍTULO 31: De las penas y de las naturalezas de ellas. Pena es enmienda de pecho o escarmiento que es dado según ley a algunos por los yerros que hicieron, y dan esta pena los jueces a los hombres por dos razones:

· Porque reciban escarmiento de los yerros que hicieron.

· Porque todos los que lo vieren y oyeron tomen de ello ejemplo y apercibimiento para guardarse que no yerren por miedo de pena.

Los jueces deben mucho considerar antes que den pena a los acusados y escudriñar muy acuciosamente el yerro sobre que le mandan dar, de manera que sea antes bien probado, considerando la manera en que fue hecho el yerro.

Pensamientos malos vienen muchas veces a los corazones de los hombres, de manera que se afirman en aquello que piensan para cumplirlo por hecho, y después de eso, estimar que si lo cumpliesen, que harían mal y arrepiéntense. Cualquier hombre que se arrepintiese del mal pensamiento antes que comenzase a obrar por él no merece por ello pena ninguna, porque los primeros movimientos de las voluntades no están en poder de los hombres. Mas si después que lo hubiesen pensado, hiciesen por cumplirlo, comenzándolo a meter en obra, aunque no lo cumpliesen del todo, entonces caerían en culpa y merecerían pena de escarnio según el yerro que hiciesen, porque erraron en aquello que era en su poder de guardarse si quisiesen.

Los yerros que los hombres hacen a sabiendas, con mala intención, son de cuatro maneras:

· De hecho, como matar o hurtar o robar, y todos los otros yerros que los hombres hacen que son semejantes de estos.

· Por palabra, así como denostar o infamar o atestiguar o abogar falsamente, y en las otras maneras semejantes de estas que los hombres hacen y yerran unos contra otros por palabra.

· Por escritura, así como cartas falsas o malas cantigas o malos dictados o en las otras escrituras semejantes de estas que los hombres hacen unos contra otros, de que les nace deshonra o daño.

· Por consejo, así como cuando algunos se juntan en uno y hacen junta o postura o cofradía para hacer mal a otros, o para recibir los enemigos en la tierra o para hacer levantamiento en ella o para acoger los ladrones y malhechores, o en las otras

maneras semejantes de estas en que los hombres hacen malas hablas o toman malos consejos para hacer mal o daño los unos a los otros.

Siete maneras hay de penas por las que pueden los jueces escarmentar a los que cometen yerros, cuatro de ellas son mayores y tres menores: las mayores son estas:

· Dar a hombre pena de muerte o de perdimiento de miembro.

· Condenarlo a que esté en hierros para siempre, cavando en los metales del rey, o labrando en las otras labores o sirviendo a los que las hicieren.

· Cuando destierran a alguno para siempre a alguna isla o a algún lugar cierto tomándole todos sus bienes.

· Cuando mandan a alguno echar en hierros, que yazga siempre preso en ellos, o en cárcel o en otra prisión; y tal prisión como esta no la deben dar a hombre libre, sino a siervo, pues la cárcel no es dada para escarmentar los yerros, mas para guardar los presos tan solamente en ella hasta que sean juzgados.

Las menores son las siguientes:

· Cuando destierran a algún hombre por tiempo cierto a alguna isla o para siempre, no tomándole sus bienes.

· Cuando dañan la fama de alguno juzgándolo por infamado, o cuando lo quitan de algún oficio que tiene, por razón de algún yerro que hizo, que no se use de allí en adelante de oficio de abogado ni de personero, o que no aparezca antes los jueces cuando juzgaren hasta cierto tiempo o para siempre.

· Cuando condenan a alguno a que sea azotado o herido públicamente por yerro que hizo o lo ponen por deshonra de él en la picota, o lo desnudan haciéndole estar al sol untado de miel porque lo coman las moscas alguna hora del día.

ÁGUEDA RAMĺREZ DE RODRĺGUEZ
23 de octubre, 2017.

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