OPINIÓN: ESAS PELIGROSAS REDES


Leyendo los aportes que Miguel Franjul está haciendo al periodismo del presente y del futuro inmediato en su blog semanal, me motivo a escribir estos comentarios.


Cuando en el 2010 la denominada ‘primavera árabe’ sacudió el Medio Oriente  –Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahrein, Argelia, Siria– se difundió la versión de que esos movimientos, que dieron al traste y/o arrinconaron los gobiernos dictatoriales de la zona, fueron propiciados y/o desarrollados por las redes sociales.

Desde entonces –y aún hoy aunque todos saben que esas acciones fueron organizadas, propiciadas, desarrolladas por los organismos de inteligencia de estados Unidos, Israel, Inglaterra– los sitios de internet denominados redes sociales asumieron la categoría de ‘vía idónea’ para movilizar las masas, para difundir acontecimientos, para promocionar todo tipo de cosas, para propalar informaciones.


Y siguen siéndolo.

Pero también hoy las redes sociales son usadas para acciones perversas como son la difusión de mentiras, calumnias, desinformación, presión, chantaje, para propalar acusaciones injuriosas, provocadoras.

No poca gente seria usa las redes sociales como fuente de información primaria, rápida, pero cada vez más personas dudan de la veracidad y la seriedad de los que por ellas circula.

Yo, por ejemplo, uso las redes sociales generalmente para dar ‘seguimiento’ a determinados casos y/o determinadas personas, pero nunca como fuente de información primaria y ciento por ciento confiable, hasta no contactar por otras vías.

Twitter, Facebook, Instragram, son de las redes más populares y, por ende, son de las más usadas por desinformadores profesionales, gente sin oficio que se gozan con hacer maldad, gente sin concepto que no les importa el daño que hagan a otros con cualquier clase de desaguisado.

Los que defienden las barbaridades que hoy se dicen en las redes sociales, dicen que la proliferación de las libertades que se conceden en esos espacios, forma parte de la democratización de la información porque, alegan, permite que ‘cualquiera’ tenga la oportunidad de opinar y decir lo que le venga en ganas, no solo los que tienen el ‘privilegio’ de acceder a espacios en los medios de comunicación.

Un encuentro informal con un grupo de viejos amigos me hizo reflexionar sobre este espinoso tema. De seis reunidos, ninguno dijo confiar de primera intención y, mucho menos, recibir con seriedad lo que aparece a cada segundo en las diversas redes sociales.

De ahí que lo que podría constituir una herramienta formidable en favor de la información y el conocimiento, se ha convertido, al paso de los días, en una peligrosa y hasta temida arma capaz de poner patas arriba a una nación en un santiamén con mentiras, o destruir honras de personas, familias, empresas con calumnias y falacias.

Mi sugerencia:

Manejen “esas” redes sociales con sumo cuidado.

Por Ruddy González 
rlgonzalez50@gmail.com,
12 Jluo, 2017.
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