El fin de la Familia Tradicional


La literatura se ha encargado de sublimar el amor y el sexo, maravillándonos con formas estilizadas para su ritualidad, expresión y disfrute.  Es primero la Literatura y luego la Psicología quienes nos han demostrado que la actividad sexual trasciende la gimnasia corporal, los efluvios consecuentes o el éxtasis emocional.  El sexo y/o el  amor transportan el cuerpo y la mente humana a una sensación de plenitud como ningún otro acto hecho o practicado por el género homo.

En el marco de la sexualidad, durante siglos, la religión predominante y la escuela occidental privilegian la monogamia, y a nivel político, las instituciones jurídicas de las naciones del hemisferio también han impuesto la monogamia como forma amatoria o de cohabitación matrimonial.  


Pero los hombres y las mujeres -prisioneros de este modelo- han diseñado y practicado formas -sutiles y burdas- de traicionar y vencer las relaciones monógamas, construyendo idilios paralelos, que la hipocresía social y la pseudo moral pretenden ocultar.  Por ejemplo, la prostitución siempre ha existido –no siempre discreta- en muchos casos como fuente de iniciación sexual para mozalbetes y nóveles amantes, o como escape al tedio y la rutina del cuerpo anclado en la habitación hogareña, al que tenemos licencia para tomar cada día o cuando nos apetece. 

Igualmente, las ventanas de la infidelidad –en todas las épocas y en todas las clases sociales- siempre han estado abiertas para escurrir a los insatisfechos o deseosos de “pecar”.  Es que el amor es tan indescifrable, inverosímil, capaz de penetrar los resquicios más insondables del ser humano. 

La monogamia choca con la condición fundamental del individuo que es la libertad.  La monogamia es parte de la dictadura universal que ha querido imponer el dogma religioso. Hoy los jóvenes asisten a nuevas formas y estilos de socialización y practica conyugal: el coito precoz, la cohabitación sin matrimonio legal o unión libre; la familia monoparental, el swinger, sexo grupal, el matrimonio homosexual y de manera excepcional, la bigamia “consensuada”.

De igual forma, muchas parejas de jóvenes casados o no, con hijos o sin ellos, o simplemente “novios con derechos”, asumen los fines de semana solo para la diversión y parranda.  Eso ha sido así por muchos años, pero la novedad es que ahora cada cónyuge sale por su lado con sus amigos y amigas y puede retornar a la casa a la hora que quiera de la noche o la madrugada.  Es decir, no es solo el macho el que sale a fiestear, sino que la hembra también lo hace sin tapujos.  Es una relación de pareja light, donde los celos se disipan y la infidelidad es intrascendente.  Nadie agobia ni sofoca al cónyuge con celos fútiles.

Los prejuicios machistas comienzan a declinar entre los jóvenes dominicanos, que estrenan nuevas formas de amor urbano estilo libre. 

El 47% de las familias dominicanas son monoparentales, lo que sumado a los nuevos estilos de relación familiar que describí antes, dan cuenta  de la profunda crisis de la familia tradicional.

Por Rubén Moreta / El autor es Profesor UASD.
12 julio, 2017.-
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