El río Nizao, muere lentamente


EN NIZAO, Peravia, 21 Marzo, 2017:  El municipio de Nizao debe su nombre al río que lo bordea en la parte Este, el Nizao, que era el de la Nitaína llamada Niza (jefa de la subdivisión de un cacicazgo) de la zona.

Este hermoso acuífero, uno de los más grandes del país, a lo largo de los años ha sufrido devastaciones provocadas tanto por la naturaleza, como por la mano del hombre.

El río Nizao nace en la Cordillera Central a una altura de 2,560 metros sobre el nivel del mar con una longitud de 118 kilómetros desembocando en el mar caribe.

El río Nizao, de 133 kilómetros de longitud, es la fuente de abastecimiento de las presas de Jigüey y Aguacate (inauguradas en 1992) y Valdesia (1976), que en conjunto generan 490 GWH al año. El contra embalse Las Barías se inició en 1976.

Además, la presa de Valdesia provee de agua potable a la ciudad de Santo Domingo y el riego de 193,734 tareas de terrenos agrícolas del Distrito de Ozama-Nizao. El río Nizao es el mejor modelo de aprovechamiento hidráulico e hidroeléctrico que tiene el país.

Las aguas procedentes del Nizao son utilizadas para generación hidroeléctrica, para riego de cultivos agrícolas y para consumo humano, tres elementos fundamentales para la vida de un país. Por ejemplo, Santo Domingo recibe 137 millones de galones de agua/día que vienen de la presa de Valdesia.

Sin embargo, las políticas públicas del cuidado y preservación de este acuífero son mínimas, la desforestación junto con la extracción irregular de agregados ha afectado grandemente a este rio, sumado a esto los asentamientos humanos, y hasta el momento no existe un plan de reordenamiento territorial de la cuenca, ni ningún otro plan que vaya en procura de la conservación del mismo.

Este río Nizao ha sido tan maltratado, que para el año 1970 su degradación motivó a que el presidente de entonces, Joaquín Balaguer, tuviera que emitir el decreto 257, prohibiendo la extracción de agregados en la zona. Estableciendo que esa actividad se prohibía sin importar que fuera por métodos manuales, mecánicos o de cualquier otra índole.

Para el año de 1971 se promulgó la Ley 123, que prohibía la extracción de los componentes de la corteza terrestre, llamados arena, grava, gravilla y piedras de agregados de los ríos, y en ese caso la referencia para crear esa normativa fue las explotaciones en el río Nizao.

En el 2007, el gobierno dominicano por medio del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales regula la extracción de agregados de los ríos con la resolución 16-2007; regulación que no se cumple en su totalidad y, aunque hizo que algunas granceras se retiraran de los ríos a canteras, actualmente se sigue impactando la corteza terrestre por la extracción insostenible y descontrolada de agregados.

Pero los productores de agregados del río Nizao, ahora agrupados como “Consorcio´´ se empeñan en mantenerse anclados en las márgenes del Nizao sobre la base de que se les permita canalizar el río, canalización que han ofertado por casi dos décadas pero que nunca han ejecutado correctamente, por no disponer de estudios hidrológicos, hidrogeológicos, hidráulicos, topográficos ni ambientales que definan las secciones transversales y longitudinales más adecuadas para ese tramo del río, ya que su único interés es la producción y comercialización de los agregados al mínimo costo para luego venderlos con altos precios.

La extracción de agregados en el río Nizao tiene que ser urgentemente detenida, el pueblo no puede ser tan permisivo en un recurso natural que es una fuente vital para la sobrevivencia humana.

De seguir la situación actual en pocos años no tendremos agua ni para beber.

Por: Linette del Rosario

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