Una familia atada a los juegos de azar relata su historia


EN SANTO DOMINGO, 08 Noviembre, 2016: Los estragos a causa de los juegos de azar son una constante a todos los niveles de la sociedad dominicana, reflejándose, además de muertes, en la desintegración de la familia y la cárcel para algunos de los miembros.

Cuadro parecido, lo está viviendo una familia capitaleña que, para los que no conocen las interioridades del infierno que atraviesan, parecería un modelo a seguir, pero lo cierto es que está a punto de perderlo todo por la adicción a los juegos de azar.

elCaribe se reserva identificarla en atención a la ética y la seguridad de dicha familia, compuesta por el padre, la madre y cuatro hijos, dos de ellos mayores de edad, y que la madre se inició en los juegos a través de las bancas que están cerca de su casa, como cualquier vecino que los fines de semana o un día cualquiera decide “botar” un par de pesos y probar suerte.

Nadie, nunca, prestó mucha atención a que cada día la madre tenía un motivo para jugar, como eran los sueños, y siempre consultaba con algún vecino o familiar para que la ayudaran a interpretarlos, y de ahí sacaba la “línea” para las jugadas.

Con esta práctica de uso casi diario, llegó a sacarse en muchas ocasiones, lo que la indujo a jugar con más frecuencia.

Lo que no pensó esta madre, profesional con grado universitario y en pleno ejercicio de su carrera, era que esto traía como consecuencia que su hijo mayor, siguiera la conducta y se interesara en esta práctica o adicción, que como plantea el psiquiatra Rafael Johnson, es heredada de la familia.

Es así como el hijo mayor, que solamente estudiaba, frecuentaba bancas de apuestas cerca de la universidad. Algunas veces ganaba, otras veces no. Pero el hecho de perder lo poco que apostaba, motivaba su interés de seguir apostando, mientras que el dinero para invertirlo en el juego lo sacaba de la familia, amigos y conocidos. Siempre había una situación o necesidad en él, por lo que el dinero se le facilitaba.

En ese entonces, el joven de unos 22 años comenzó a hablar mentiras: el dinero que necesitaba era para libros de la universidad; para alimentarse mejor; los horarios de la universidad empezaron a apretarse más, tenía más responsabilidad por el horario tan apretado... y al final la familia se dio cuenta que ese tiempo que el dedicaba no era para la universidad, sino para el juego.

“Uno empezó a llamarle la atención, pero él comenzó a alejarse de la familia. Trataba de que la familia no se diera cuenta de lo que estaba haciendo; pero sí, había fuga de dinero, siempre pedía dinero para algo que no era el juego, y al final nos dimos cuenta que el dinero que pedía era para eso, para jugar”, narró un familiar.

Las apuestas por Internet los lleva a grandes deudas

Según narra el familiar, el joven llegó a las deudas, a través de las apuestas por Internet, en la que prometía a las personas, incluyendo amigos y familia, que si invierten 2 mil pesos en apuestas, él entregaba 10 mil, si le daba 10, él le entregaba 35 mil. Casi todos cayeron en la trampa y quedaron atrapados cada uno por más de 50 mil pesos.

Sin embargo, cuando los inversionistas fueron a recuperar el dinero, ya él no tenía para pagarles. Lo que hizo fue buscar prestado a través de los prestamistas, que se lo conseguían con facilidad.

“Ya él no le debe a su familia y amigos, sino a prestamistas, que sin saber de dónde procede ese dinero, simplemente lo aceptaba”, dijo el familiar.

Al final, cuando no podía más, por la magnitud de la deuda, que pasó a más de 1 millón de pesos, tuvo que hablar con su papá y su mamá. Ahí fue cuando se dieron cuenta que el joven había caído en algo difícil. Era un ludópata.

“La madre, que lo apoyo desde el inicio, pensando que era una oportunidad que tenía, que el joven es inteligente, que podía sacarlo de un apuro, lo ayudó y se metió en deudas representándolo a él, porque él no era garante de crédito; entonces la familia entera empezó a endeudarse, incluso familia que ni siquiera sabían que él había cogido dinero para el juego”, declaró el familiar.

Sin embargo, agrega el familiar, que aun con las deudas que tiene, “él piensa que todavía puede seguir jugando, que eso lo va a sacar, que tiene opción, que se puede recuperar el dinero”.

Hoy el miedo y la preocupación invaden a la familia, hasta llegar al punto de perder casi su casa.

Los prestamistas no cesan de llamar y amenazan a la familia para cobrar su dinero.
Esta es una de las consecuencias. La familia va camino a la desintegración, si no logran tomar conciencia de la magnitud de la adicción y se somete a un proceso de recuperación.

La adicción a juegos de azar se trata, no se cura

El psiquiatra Rafael Johnson, director clínico de la Fundación Fénix, explicó que parte del tratamiento que debe seguir una persona con estos síntomas es alejase de las actividades que incluyan o estén cerca de los juegos e ir a programas de recuperación. Cuando un jugador patológico logra y hace su programa, por un tiempo importante, esa persona no puede manejar dinero, sino que lo debe administrar un familiar. Esto debido a que la enfermedad de la adicción a los juegos de apuestas es incurable.

“Es casualmente el paciente que más problemas da para aceptar que tiene una condición de ludopatía. Los ludópatas son de los que más les cuesta hacer conciencia, porque entienden que no tienen esa condición. Les cuesta entender que tienen una enfermedad similar a un alcohólico, ellos creen que pueden controlarla”, indicó el psiquiatra Johnson.

Asimismo, dijo que los juegos patológicos se pueden dar en diversos tipos de familias, especialmente donde hay muchos antecedentes de permisividad, familias fracturadas donde papá y mamá no están juntos o que uno de los dos tengan la actividad del juego. “Unas de las consecuencias de estas adicciones a los juegos de azar, es que afectan gravemente a la familia de una manera directa y globalmente. Johnson, además, aclara que el adicto al juego de azar es rescatado por la familia, mientras que el adicto a la sustancias es intervenido por su familia.  /El Caribe/.

Por Juana F. Rodríguez
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