---Nunca le perdonaré que le quitara la vida a mi mamá---


EN SANTO DOMINGO, 12 Noiembre, 2016: ¿Cómo olvidar ese día, cuando al llegar de la escuela me encontré a mi abuela llorando porque le habían dado ‘una mala noticia’? Se pregunta María Pérez (nombre ficticio para proteger su identidad), quien continúa recordando cómo veía sufrir a su abuela sin imaginar lo que estaba pasando. “Mi tía me dijo que comiera, y después que terminé me dijeron que mi madre había muerto”. Pero no es sino hasta finales del día cuando se entera que quien la había matado había sido su padre. “No sé explicar cómo me sentí en ese momento”, dice.

María es una adolescente de 15 años de edad, y recuerda con un rostro triste y la cabeza baja cómo fue para ella aquel día. Llevaba menos de un año viviendo en casa de su abuela, la situación económica por la que estaban pasando sus padres los llevó a tomar esa medida temporal.

“No me gusta mucho hablar de esto, pero trataré de contarte un poco”, dice la adolescente con lágrimas cayendo por sus mejillas.

Hace ya cinco años Esther López, madre de María, se encontraba en la carnicería, adonde llegó su esposo en una motocicleta. Tuvieron una breve discusión, y este le disparó en la cabeza.

Según cuenta la abuela de María, quien se rehusó dar detalles para no revivir ese difícil momento, ellos habían tenido diferencias por una supuesta amante que el victimario tenía, posteriormente ella se había ido a vivir con una hermana.

“Me gustaría poder entender por qué pasan las cosas, a veces siento como deseos de matar a mi papá.

Él está en la cárcel. Mi abuela siempre me dice que no debemos guardar rencor en nuestro corazón, que así como Dios perdona nosotros debemos perdonar, pero yo nunca le voy a perdonar que le haya quitado la vida a mi mamá”, dice María.

Así como esta niña, en el país existen cientos de jóvenes que han quedado huérfanos porque su padre o un padrastro le han segado la vida a su madre. En el primero de los casos la pérdida es doble, ya que el padre, de no suicidarse, va a prisión.

Opinión experta
 Estos muchachos viven una serie interminable de duelos. Además de la pérdida física de la madre y del padre, pasan por una serie de duelos intangibles, como son la pérdida de la seguridad y confianza ante el mundo, gran vergu¨enza y hasta culpa en algunos casos, pues hay niños que piensan que ellos pudieron haber evitado lo ocurrido.

Así lo explica Rosa Mariana Brea Franco, psicóloga cliníca, especializada en intervención en crisis, traumas y duelos.

Por las escenas de violencia que han pasado, estos niños o adolescentes están viviendo un trastorno por estrés extremo, pues muchas veces no logran conciliar el sueño y tienen pesadillas constantemente, lo que les provoca temor. Es por ello que necesitan recibir ayuda psicológica, y que no solo se ofrezca cuando el hecho haya ocurrido, sino que se les dé seguimiento a través del tiempo.

Según explica Brea Franco, de no recibir la debida atención psicológica, estos niños pueden tener una serie de secuelas físicas y sicológicas. “Desde alteraciones psicosomáticas como problemas gastrointestinales, infecciones frecuentes, problemas respiratorios, ansiedad, conductas autodestructivas, hiperactividad y autolesiones, abuso de sustancias, entre otros problemas. Estos muchachos pueden normalizar la violencia como una forma de regulación emocional y formar parte de grupos de pandillas de delincuentes.

En el caso de que hayan sufrido violencia física y sexual el cuadro es aun más complejo”, argumenta la experta.

Educar para amar 
Educar a estos niños para que no crezcan con raíz de amargura y odio en su corazón conlleva un trabajo en conjunto, donde la familia, la escuela y la misma comunidad juegan un papel importante. De acuerdo con la psicóloga, estos sectores pueden colaborar no estigmatizando a estos muchachos, que de por sí ya se sienten diferentes de otros niños, aunque estos también sean huérfanos.

“Hay que ayudarlos a que logren desarrollar la capacidad de ser resilientes en su vida, de ser capaces de desarrollar todo su potencial. El odio es una energía muy negativa y solo alimenta el resentimiento, la ira y la frustración”.

Mariana Brea cuenta que ha visto casos en los que las familias se mantienen perpetuando el deseo de venganza, y esto no facilita ni la integración ni la aceptación de la pérdida. En cambio en otros casos que ha trabajado, al menos cuando un adulto sí está decidido a llevar a cabo un seguimiento a los muchachos basado en el amor y comprensión, los resultados son más favorables para el futuro de esos niños.

“Es mucho lo que se ha escrito y hablado sobre el tema de la violencia de género, lamentablemente a los hijos huérfanos de esa violencia se les ha dejado a un lado; se necesitan desarrollar estrategias de ayuda y apoyo para esta población de acuerdo a las características propias de la edad y cultura en las que se desenvuelven.

Se hace necesario programas que lleven a una relación de respeto e igualdad en ambos sexos en las escuelas y en las comunidades”, agrega la experta.

EL TRAUMA EN LOS NIÑOS ES INEVITABLE
Rosa Mariana Brea explica que cuando una madre es asesinada por su pareja el trauma que sufren los hijos es inevitable.

Estos episodios vienen cargados de gran impacto emocional, y es mucho peor cuando los menores presencian lo ocurrido.

“El solo hecho de ver que las personas que están supuestas a cuidar y proteger se destruyen, les causa un sentimiento profundo de inseguridad y desesperanza ante el mundo.

Esto es sin contar los momentos de violencia física que los hijos viven en el hogar”, dice la experta.

Cuando ocurre un feminicidio se debe evitar el mencionar delante de los niños los deseos de venganza, en caso de que los hubiera hacia la familia del homicida, que en la mayoría de los casos es el padre de los hijos.  ç

/Listín Diario/

Águeda Solano
agueda.solano@listindiario.com
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