Las compañías mineras y el oro de Caonabo (Parte II)‏



Por: Luis Terrero Melo

Ahora, luego de un poquito de historia y de sociología los llevaré al filete de este asunto. Resulta que en nuestra historia siempre han habido Caonabos y Guacanagarixes; cada uno con sus virtudes y defectos. El primero mas guerrero que el segundo y el segundo más diplomático que el primero.

Caonabo defendía con garras su territorio, Cacicazgo de Maguana, que abarcaba también parte del Cibao, el cual todavía permanece llamándose así, la región de Maguana es rica en yacimientos minerales, en la que es sabido abunda el oro, lo mismo ocurre con la región del Cibao. Fue Caonabo el primer aborigen que peleó contra los españoles debido al maltrato de éstos contra los aborígenes; Caonabo también batalló contra los españoles porque éstos se robaban el oro de la región que él protegía celosamente. Fue Caonabo quien destruyó el Fuerte la Natividad y arrasó con los españoles que penetraron a la región del Cibao en busca de oro. En cambio fue Guacanagarix quien le dio la bienvenida a los españoles. Guacanagarix permitió todo tipo de abuso contra su Cacicazgo tratando de ganar la simpatía de los españoles, quienes prometieron ayudarlo a combatir a Caonabo. Fue Guacanagarix quien guió a los españoles hacia el Cibao, la tierra del oro de Caonabo.


Hoy se repite la historia: aun existen Caonabos, ciudadanos conscientes, quienes pelean con garras en contra de la explotación de nuestras minas; pero también existen  Guacanagarixes, ciudadanos ignorantes, or lo general políticos, más bien son abusadores de los recursos naturales de nuestra querida Maguana y el Cibao, quienes quieren vender de gratis esos recursos por los cuales murieron muchos aborígenes, a quienes hoy tildamos de indios, lo que implica que nuestros aborígenes, al menos recibían objetos a cambio del oro que cedían, pero hoy ¿qué recibimos nosotros, los dominicanos?.

Los ciudadanos de esta civilización supuestamente moderna solo recibimos depredación y contaminación; porque cualquier beneficio existente como resultado de la extracción de minerales, lo reciben los políticos, por lo tanto los políticos al igual que los ciudadanos que reciben algo a cambio de nuestro oro son los indios que nunca existieron en este lado del mundo nuevo, así que les garantizo que nada tienen que ver los Tainos en este asunto, esto tiene que ver con nosotros mismos.

Es patético que en el futuro nuestros ríos estarán contaminados, como los están en la actualidad los ríos de Bonao y Cotui por donde pasan los desperdicios químicos de las minas explotadas de esa región.

No puedo quedarme callado, porque desde ahora me imagino esos desperdicios químicos corriendo desde San Juan de la Maguana, antiguo Maguana del Cacique Caonabo, pasando por el otrora río Neyba, actualmente Yaque del Sur. Veo esas aguas contaminadas, con Cianuro, un compuesto químico altamente tóxico empleado en la minería, y otros desperdicios químicos, contaminando ríos, arroyos, lagos, lagunas y canales que suministran el agua que sirve de reguío a las sabanas y conucos que producen los productos agrícolas y ganaderos que consumimos. 

Pienso en mi abuelo, quien pensando en el futuro de sus nietos, biznietos y tataranietos,  plantaba frutos en sus conucos para que comieran sus descendientes. De esos frutos coseché plátanos, guineos y yuca. El abuelo se preocupaba por el bienestar de su ganado, por tal razón exigía un pasto sano para alimentarlo.

Entonces me entristezco porque mis nietos, biznietos, y tataranietos, no podrán comer sanamente los frutos que sembró mi abuelo; tampoco podrán beber la leche del ganado, ni comer tilapias, biajacas, guabinas, carpías, camarones, jaibas, ni hicoteas como lo soñó mi abuelo, porque tanto esas especies acuáticas, como las terrestres estarán contaminadas y en vía de extinción.

Me entristezco porque también las aves que habitan en o cerca de los ríos, lagunas y lagos morirán envenenadas por esas aguas que bajarán cargadas de Cianuro y acido sulfúrico,  mercurio, dióxido de azufre contenidos en gases residuales.

Creo que la necesidad de proteger nuestro ambiente es igual a preservar el bienestar de las generaciones futuras y eso es más importante que el oro que hará rico a los políticos y enfermo a los pobres, que son la mayoría; pensemos que aún después de muertos viviremos a través de nuestros descendientes. En lo particular me gustaría pensar que aún después de muerto RD será un país saludable.

Recordemos que tanto las regiones de los antiguos cacicazgos de Jaragua, Maguana, Maguá y Marien estarán muy comprometidos porque hacia las llanuras de esas zonas es que están dirigidas las corrientes subterráneas y superficiales de los ríos que de las montañas del cacicazgo de Maguana emanan, como es el caso de Hondo Valle, en San Juan de la Maguana y en el Cibao la Loma Miranda, ambas en la Cordillera Central, otrora territorio del Cacicazgo de Maguana; no debemos excluir de este grupo el Cacicazgo de Higuey que ya están, siendo explotado y contaminado en los Haitices, en otras palabras estamos casi “jodidos” y al borde de una catástrofe apocalíptica, a menos que hagamos algo para remediar los daños hasta ahora causados y para prevenir otros.

Esta catástrofe tal vez no ocurra en la vuelta de un año, pero es cuestión de tiempo. Tal vez nosotros no veamos las consecuencias, pero las sufrirán las generaciones futuras. Señores no seamos egoístas, preservemos lo nuestro, para que otras generaciones también disfruten de un ambiente saludable.
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