“El crimen de mi madre y mis tías fue político, no pasional”

(Por: Mercedes Alonso- Foto: Dionny Matos)

Para la autora de estas líneas no fue difícil reconocer en la voz apretada de Noris, la única hija hembra de Patria Mirabal, el incontenible dolor que comparte con la memoria de una madre que aparece en sus recuerdos cariñosa, dulce, capaz y sobre todo fiel, al punto de abrazar con su lealtad y principios las ideas revolucionarias de su hermana Minerva, aunque esto le condujera, como así fue, a la propia muerte.

Al paso de los años, las interpretaciones de tales actitudes pueden ser diversas. Quizás Noris González Mirabal adquirió en sus genes la ilusión soñadora de la madre. Esa que le hace explayar como en franco desenlace en la misma sonrisa. Patria era así: soñadora, llena de ilusiones y utopías, que compactan en el sentido externo e interno de lo que debe proyectar una madre, una hermana, una hija, una amiga, una mujer, una patriota.

Tal vez por eso creyó, como su hija rememora años más tarde, que “el trineo de Santa Claus volaba, porque el espíritu navideño lo hacía posible”. Tantas cosas se hacen posibles cuando el aliento y la fe las guía…

Noris González Mirabal acaricia inquieta las viejas fotografías entre sus dedos y susurra muy bajito: “Una ve en las fotos de la época y ahí están las tres hermanas, peladitas iguales, con sus pollinitas y hay que fijarse muy bien para distinguir quién es quién. Dedé con su naricita pequeña, Minerva con su expresión diferente, mami con su carita redonda. María Teresa aún no había nacido.”

La hija de Patria observa detenidamente las imágenes familiares atrapadas en pequeños espacios y habla de la necesidad de retocar algunas de ellas, para que no se pierdan nunca esos recuerdos.

Es cierto que las personas de los campos viven de manera diferente. Noris se refiere a la expresión sana que aparece en los rostros que le rodearon mientras crecía entre padres, tíos, abuelos, todos ellos honestos y dedicados:

“Es el ejemplo del trabajo que dignifica y mantiene a todos ocupados. Les enseña a no perder el tiempo. Eso los hacía especiales”.

Luego, hay silencios que hablan por miles de palabras. En verdad, en esta familia persiste esa aureola especial que una descubre desde sus progenitores. Noris sustituye la sonrisa delicada por un rictus definitivo cuando expresa:

“El crimen de mi madre y mis tías fue político, no pasional. Muchos hablan de que Trujillo se enamoró de Minerva. Pero, esa no fue la causa del asesinato. El siempre supo que Minerva era una enemiga de su régimen y la presencia de las Mirabal se convirtió en su obsesión.

“Es importante que se conozca esto. Mi papá, Pedrito González, estuvo en el Movimiento 14 de Junio junto a otros revolucionarios. En mi casa se encontraron armas e instrumentos explosivos. A Papi, a nosotros, nos incautaron todas las propiedades: tierras, la casa, el ganado, nuestros vehículos. Le regalaron a Alicinio Peña Rivera, jefe militar del SIM en la zona norte y responsabilizado del asesinato de las Muchachas, la madera de nuestro hogar para que terminara su residencia en Santiago.

“Pasaron meses cortando y aserrando maderas preciosas, que pertenecían a una finca de papi. Esa es una verdad que duele y pesa al cabo de los años”.

A veces, la historia resulta demasiado cruel y niega toda posibilidad de escribirse como ficción. La realidad determina cada instante. En verdad, sólo cabe la lírica en memoria de seres tan excepcionales.

“Sí, mis tías y mi madre fueron mujeres especiales que ofrendaron sus vidas a los demás. Fue una existencia ejemplar. Una generación de muchos muertos.

“Hoy son otros tiempos, se han logrado cosas. Pero ellas perduran. Eso es lo que nos queda, lo que fortalece y ayuda a comprender el vacío de su ausencia: que podamos ser un poco como ellas y comprender su desarrollo a partir de conocer lo que hicieron con sus vidas”.

A la naturaleza humana de estas muchachas alegres, joviales y soñadoras, verdaderas madres, incomparables amigas e hijas extraordinarias, se suma el sacrifico por la patria.

La hija reitera que estas cosas se deben tomar como ejemplo. Enarbola ese sentimiento como el escudo que le ha acompañado, a ella y a sus hermanos, desde el día terrible en que su madre fue bestialmente asesinada junto a sus tías.

“¿Devolver bienes?” Un suspiro hondo surca el espacio cuando sentencia: “Lo más importante no pudieron restituirlo, que es haber crecido sin ellas. Es un orgullo ser hijos e hijas de heroínas, pero nadie puede entender cuánto hemos necesitado a nuestra madre durante todos estos largos años”.

Y aquí se abre paso la inevitable nostalgia: “En aquellos días en que cumplí 16 años, cuando me iba a casar, en el momento que tuve mis hijos, mis nietos. En todos y cada uno de esos instantes, pensé en mami, que no estuvo para ver todo esto. Nos ha hecho mucha falta. Cuánto valor debió tener para dejar a sus hijos…”, concluye.
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